El Xantolo es una de las expresiones culturales más importantes de Hidalgo y merece todo reconocimiento, no se trata únicamente de una celebración festiva, sino de una compleja expresión de memoria, identidad y relación con la muerte. Sin embargo, reducir la diversidad mortuoria del estado a una sola festividad supone desconocer una historia regional mucho más amplia.
Hidalgo no celebra a sus muertos de una sola manera y el Xantolo no representa la totalidad de las prácticas, creencias y expresiones mortuorias que existen en el territorio. Pensar lo contrario implica reducir un estado históricamente diverso a una imagen cultural única, atractiva para la promoción turística, pero insuficiente para explicar su complejidad.
La geografía hidalguense también es una geografía de diferencias culturales. En la región otomí del Valle del Mezquital, por ejemplo, las celebraciones de “Todos Santos”, adquieren características propias. Las ofrendas familiares, la preparación de alimentos, el uso de productos de la milpa, las flores y la visita al panteón articulan una relación con los difuntos que parte de la organización comunitaria y doméstica.
En la región Otomí-Tepehua, particularmente en Huehuetla, encontramos otra expresión: el “Sant'oru”, celebración de raíz comunitaria, profundamente conectada con el campo y la cosecha, en la que efectúan rituales como el “baile de la mesa” al ritmo de música tradicional, con el cual los pobladores reciben a las almas de sus seres queridos y montan sus altares de muertos, así como rezos en su lengua originaria.
También en San Bartolo Tutotepec pervive la memoria de la llamada “Llorada del Hueso”, en la que originalmente en el panteón local, los familiares acudían al final de la temporada de Todos Santos para exhumar los restos de sus seres queridos que llevaban más de un año de haber sido sepultados. No obstante, debido a regulaciones de salud está quedó prohibida y la costumbre se transformó, por lo que hoy en día, la tradición se vive a través de “Las animitas”, donde las personas se reúnen en el panteón para convivir sobre las tumbas adornadas con flores, veladoras, copal y comida, acompañada de cantos y sones locales.
Estas, por mencionar algunos ejemplos, no son detalles folclóricos ni simples variaciones de una misma fiesta, son el resultado de procesos históricos particulares, de la convivencia entre pueblos originarios y tradiciones católicas, de las transformaciones económicas, de las condiciones ambientales y de las formas locales de organización social.
La muerte, como hecho universal, adquiere significados distintos según la comunidad que la recuerda. El problema aparece cuando las instituciones culturales, en su afán de promover, proteger y difundir el patrimonio, privilegian una expresión hasta convertirla en representante de todo un estado.
El Xantolo posee una fuerza simbólica y una visibilidad indiscutibles, sin embargo, cuando la promoción cultural concentra sus esfuerzos en una sola festividad, corre el riesgo de invisibilizar otras tradiciones que no cuentan con la misma proyección pública. La diversidad se convierte entonces en una imagen simplificada, útil para los discursos oficiales y la promoción turística, pero distante de la realidad histórica de las comunidades.
“Hidalgo no celebra a sus muertos de una sola manera y el Xantolo no representa la totalidad de las prácticas, creencias y expresiones mortuorias que existen en el territorio”…
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