Existe una condición muy peculiar que acompaña a la policía actual, me refiero a la histeria de algunos personajes que buscan en el escándalo la forma de hacerse notar. Esta sobreexposición no siempre juega a su favor. Por el contrario, reduce los argumentos y abona a la caricaturización del entorno.
En los últimos días, aunque no es la única, la senadora Viggiano parece haber cambiado su estrategia de comunicación. Ahora realiza videos histriónicos donde teatraliza las cosas para generar reacciones sobre temas varios.
Ante esa mezcla de posibilidades, la oriunda de Tepehuacán de Guerrero tiene dos cosas claras: convertirse en un referente de la oposición en la entidad y generar una atmósfera enrarecida que genere el suficiente revuelo para que la volteen a ver.
En una de esas, sus cartas alcanzan para otro cargo de representación (por la vía plurinominal, claro está). Pero lo curioso de esa forma de conducirse es que la política tiene corta memoria porque su trayectoria está llena de nubarrones.
No vamos a caer en el mismo juego, pero el medio en donde se desenvuelve es complejo. No tardará en salir alguien que recuerde algún agravio o que quiera el mismo reflector para que tengamos algo parecido a un choque de trenes.
Entre tanto la política local sufre de un espasmo de sinsabores respecto a quien es peor, quien robó más, quien formó parte de la peor administración y ese tipo de razonamientos que no llevan a ningún lado.
Pero si hay una conclusión que se asoma de todo esto. Es muy fácil ser ese tipo de oposición. Que se queja de todo, que nada le acomoda, que todo cuestiona y que parece insaciable en cuestión de ganarse su reconocimiento.
Mientras tanto, en el fondo se encuentra razones estrictamente personales en este tipo de comportamiento. Nadie que actúa de esa manera lo hace por amor al bien común o al estado donde nació. Nada de eso. Aquella retórica se aniquila rápidamente cuando se descubre que toda esa parafernalia era parte de un show bien armado. Se trata de ganar seguidores, se ser disruptivo mientras no haya riesgo de perder una elección, de ser agresivo hasta que otra estrategia sea más eficiente.
Lo único cierto es que en este galimatías hay un claro perdedor, el pueblo. Todos aquellos que todos los días salen a ganarse la vida y que son testigos que otros que se sienten más sagaces, han encontrado una vereda para vivir del escándalo.
No abona en nada ese tipo de comportamiento, aquel trastorno que puede representar sentirse la única opción salvadora del universo es algo comparado a una alteración mental. Ojalá que todos recompongan el camino para tener cierta altura de debate y razonamientos que nos ayuden a entender la complejidad actual.
Hagamos votos para que eso suceda al ubicar a cada actor político en su justa dimensión sin necesidad se tener emociones descontroladas en todo lo que ocurre dentro de la vida pública del estado.
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