El viernes de esta semana se cumple la segunda mitad del actual gobierno en el estado de Hidalgo. La fecha tiene sentido porque una administración de seis años suele pasar por su mejor momento pasando un periodo de aprendizaje que suele durar un par de años.
En ese sentido, va la primera conclusión del texto. Lo alcanzado hasta este momento obedece a las decisiones que se han tomado en el corto plazo. Aunque hay inercias que siguen vigentes, lo cierto es que esta administración es responsable de la mayoría de cosas que tienen que ver con la vida pública.
En este particular, parece que en el ambiente existe una percepción que las cosas se están haciendo de otra manera. Por ejemplo, el presupuesto para programas sociales aumentó en un 360% pasando de 1,061 millones de pesos a más de 4 mil 900 millones este año.
Otro indicador que suma mucho es que se redujo la pobreza del 41% al 35%, lo que hizo posible que más de 154 mil personas salieran de esta condición en el estado de Hidalgo. En este punto hay que decir que, las políticas federales de aumento al salario mínimo y los programas sociales tanto federales como locales, se conjugaron para hacer posible esos números.
En el rubro de la educación se ha destinado en los últimos cuatro años un monto de 121 mil millones de pesos lo que representa el 44% del presupuesto total del estado. Quizá lo más relevante es que en educación básica se entregaron 570 mil paquetes de uniformes, útiles, libros y calzado escolar, sin costo.
En el nivel bachillerato, 40 mil 500 estudiantes recibieron de parte del gobierno, tabletas electrónicas y la conexión a internet en el 100% de los planteles en este nivel. Lo cual, elimina la brecha tecnológica que tenían muchos de estos estudiantes.
Otro dato que no pasa desapercibido es que en los últimos cuatro años llegaron al estado más de 147 mil millones de pesos en inversiones, lo que supera el monto obtenido en las 4 administraciones anteriores. Esto permitirá generar más de 191 mil empleos directos e indirectos.
Lo anterior se relaciona con el avance de 11 posiciones en el índice nacional de competitividad, lo que significa que Hidalgo es un estado atractivo para la creación de nuevas empresas. Estas condiciones también jugaron a favor para que se hayan obtenido las calificaciones crediticias más altas de los últimos 26 años. Lo anterior, posiciona a Hidalgo entre los cuatro estados mejor evaluados de México.
También hay que sumar otro hecho sin precedente, la reducción de la deuda pública en un 42% aunado a un crecimiento histórico del 96% en la recaudación de ingresos propios. En un renglón: se recaudó más, se invirtió más y se debe menos.
Eso por si solo es una buena noticia. Más allá de los sellos partidistas, lo que ocurre en la entidad es un posicionamiento afortunado en la esfera nacional. Ante ello, es necesario mencionar que los proyectos federales también abonan a las buenas nuevas.
Recordar que en la entidad se desarrollan 6 megaproyectos que buscan saldar la deuda histórica que se tenía con Hidalgo. Entre ellos, el tren México-Pachuca, la estación ferroviaria de Tula en el tramo que va de México a Querétaro, el saneamiento del río Tula, el plan hídrico en el Valle del Mezquital, la carretera Huejutla-Tamazunchale, la coquización de la termoeléctrica y el polo de desarrollo en Zapotlán.
Con estos datos hay buenos augurios para una entidad que no estaba dentro de las prioridades del gobierno nacional. Acentuando, con esta falta de atención, las desigualdades sociales que antes eran la norma.
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