Las corridas de toros son una práctica tan antigua en nuestro país como la propia historia del México independiente. Desde la llegada de los españoles a América, las tradiciones taurinas también arribaron desde España, logrando generar un arraigo entre los mexicanos.

Ahora los tiempos han cambiado y el debate actual por la prohibición de las corridas de toros y la llamada fiesta brava tiene muchas aristas que se deben considerar, y cada una de ellas es valiosa para emitir un juicio moral y jurídico sobre esta práctica que tiene una antigüedad de más de 500 años en México.

Se sabe que la primera corrida de toros que se llevó a cabo en México ocurrió en la época del virreinato. Se dice que fue en 1526, durante las festividades religiosas para Hernán Cortés, y a partir de entonces se decretó que, en honor a San Hipólito, se celebrara una corrida de toros cada año.

A partir de entonces, la celebración taurina empezó a difundirse en la entonces llamada Nueva España y existen documentos históricos que señalan que el propio Hernán Cortés fue el primer ganadero en México y desarrolló su ganado en el valle de Toluca.

Con el paso de los siglos, la tauromaquia se desarrolló en todo el territorio nacional y se extendieron las plazas de toros donde se llevaban a cabo las corridas en distintas ciudades, logrando un arraigo histórico.

En la actualidad existen acalorados debates sobre la legislación para prohibir o mantener las corridas de toros, pero esto no es nuevo, ya que desde finales del siglo XIX se habían cancelado las corridas en México por un lapso de 40 años.

Años después, algunos otros presidentes como Benito Juárez y Venustiano Carranza también prohibieron la tauromaquia, lo que en su época generó protestas de quienes apoyaban las corridas.

Actualmente se debate en México sobre la legalidad de esta práctica, pues grupos animalistas han alzado la voz para expresar su rechazo al maltrato animal y exigir que las corridas de toros sean prohibidas.

Con los nuevos tiempos, la lucha por los derechos tanto de personas vulnerables como de las minorías y los animales ha sido retomada por las nuevas generaciones. Con el paso de los años, lo que antes era una tradición milenaria que incluso daba identidad, ahora para muchos es visto como una práctica inconcebible.

Actualmente, la tauromaquia se ha prohibido en los estados de Sonora, Guerrero, Coahuila, Quintana Roo, Sinaloa, Michoacán y en la Ciudad de México, que tiene una de las plazas de toros más grandes del mundo.

Pero estas prohibiciones no solo ocurren en México, pues en la propia España ya no se permiten las corridas de toros en Cataluña y las Islas Canarias, mientras que los movimientos antitaurinos crecen en otras regiones como Galicia y Mallorca. De igual forma, en países como Argentina, Chile y Brasil no está permitida la lidia de toros, y Cuba, Ecuador, Panamá, Uruguay, Nicaragua y Canadá ya tienen restricciones.

En Hidalgo, el debate por la prohibición de las corridas sigue en pie y tanto grupos animalistas que buscan acabar con las funciones taurinas, como los taurinos que luchan por mantenerlas, pelean ante el Congreso para tener una legislación, sin que se tenga claro el futuro de la tauromaquia en la entidad.

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