Como parte del rescate de la imagen urbana que se está llevando actualmente en Pachuca y a medida de que se acerca la fecha del campeonato mundial de futbol FIFA 2026 donde Pachuca será sede de los entrenamientos de un seleccionado, la capital hidalguense poco a poco se transforma en un interesante sitio para acoger al turismo.
Luego del trabajo tan intenso para rehabilitar la plaza del Reloj Monumental, un emblema histórico de la ciudad de Pachuca, la imagen del sitio invita a ser visitado por propios y extraños.
Y es que este monumento histórico se hallaba muy descuidado y durante muchos años fue blanco de vandalismo que penosamente lo deterioraron y lejos de invitar a visitarlo, era un sitio que provocaba tristeza.
Hoy el reloj ha recuperado su belleza y majestuosidad, pues además de remozar la estructura de mármol, también el entorno se ha llenado de color con la instalación de árboles y jardineras que hacen que el turista disfrute un paseo y poder tomarse un helado o comerse un elote en la llamada Plaza Independencia.
El rescate que implementó el gobierno del alcalde Jorge Reyes transformó definitivamente la imagen de la plaza, pasto, plantas y árboles, además de dar color, vida y colorido al sitio, son un pulmón ecológico que le urge a una ciudad que cuenta con muy pocas áreas verdes, pues las tomas aéreas de Pachuca suelen ser grises por las construcciones y casi nulo arbolado.
Muchas familias que han visitado el reloj en los últimos días han recibido con júbilo el verdor de la plaza que la llena de vida como solía pasar hace muchos años, donde la gente puede disfrutar de un clima cálido al estar bajo la sombre de los árboles.
Sin duda alguna la mejora de la imagen urbana hará que los turistas regresen tras disfrutar de un paseo tradicional para aquellos que viven en grandes urbes y buscan revivir los años de gloria de nuestro México.
Y así como los visitantes disfrutan del verdor de la Plaza Independencia, lo mismo podría pasar en la trasformación de la imagen urbana en las principales avenidas, así como las pequeñas calles de las distintas colonias de la Bella Airosa, donde las familias podrían adoptar esta cultura de tener un árbol que cuidar y verlo crecer, tal y como lo cuenta una añeja canción de Alberto Cortez que llegaba al corazón.
























