El patrimonio de Huapalcalco no se limita a sus vestigios arqueológicos, pinturas rupestres y piezas de cerámica. También comprende la relación que las antiguas sociedades establecieron con la naturaleza y las especies que forman parte de su entorno.
Esta perspectiva fue abordada por Marilyn Espinosa Guerrero durante la conferencia “Patrimonio Biocultural de Huapalcalco”, con la que concluyó el ciclo de ponencias “Eco del tiempo”, coordinado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) en el Museo de Huapalcalco.
Durante su participación, la maestra en Patrimonio Cultural de México explicó que cuando se habla de este sitio arqueológico suele pensarse únicamente en sus estructuras y vestigios materiales, dejando de lado otros elementos que también forman parte de su historia e identidad.
Señaló que el concepto de patrimonio cultural cambia de acuerdo con los contextos históricos y sociales, pues son las propias sociedades contemporáneas las que otorgan a determinados elementos valores de identidad, pertenencia e historia compartida.

Animales que forman parte de las creencias y tradiciones
Como parte de su exposición, Espinosa Guerrero presentó ejemplos de especies que, además de cumplir una función ecológica, tienen significados dentro de las creencias y prácticas culturales de las comunidades.
Entre ellos mencionó a los búhos y tecolotes, relacionados con presagios, la muerte y los secretos; las abejas, cuyo veneno ha sido asociado tradicionalmente con propiedades medicinales, y las serpientes, alrededor de las cuales existen leyendas y conocimientos populares.
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También habló del guajolote, vinculado no solo con la alimentación, sino con prácticas de nahualismo y creencias sobre la transformación; los colibríes, utilizados en algunos rituales relacionados con el amor, y los conejos, asociados con la suerte y las representaciones de la embriaguez, particularmente por su relación simbólica con el maguey y el pulque.
Hallazgo de perros en una cueva de Huapalcalco
Uno de los ejemplos destacados de la conferencia fue el descubrimiento de seis entierros de perros en la Cueva del Tecolote, hallazgo realizado durante la década de 1960 y documentado posteriormente mediante una investigación académica.
La especialista explicó que estos animales representan un ejemplo de patrimonio biocultural, debido a que su domesticación fue resultado de un proceso en el que intervinieron factores biológicos y culturales.
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Asimismo, señaló que la presencia de restos de perros en contextos arqueológicos permite conocer las formas de convivencia, cooperación y aprovechamiento entre las antiguas sociedades y otras especies.
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