En la Huasteca hidalguense, comer no es solamente sentarse frente a un plato, es reconocer aromas, recordar a la familia y reencontrarse con una tierra donde el maíz, los chiles, las carnes y las recetas heredadas forman parte de la vida cotidiana.

En Huejutla, esa identidad se sirve desde temprano en mercados, cocinas y puestos de antojitos. Las enchiladas, los bocoles, el zacahuil, la cecina y el chorizo son algunos de los sabores que distinguen a esta región de Hidalgo. El municipio reconoce entre su gastronomía tradicional las enchiladas de chile seco, tomate, tomate verde y ajonjolí, además de bocoles, cecina, chorizo y el llamado plato huasteco.

El sabor de Huejutla que llegó a Pachuca | Foto: Josué Otiz
El sabor de Huejutla que llegó a Pachuca | Foto: Josué Otiz

Una enchilada no es cualquier enchilada

En Antojitos de la Huasteca, un pequeño negocio ubicado en la colonia El Tezontle, en Pachuca, la comida se prepara siguiendo las referencias culinarias que sus propietarios aprendieron en Huejutla.

Aquí el plato huasteco puede llegar con enchiladas bañadas en diferentes salsas, frijoles con epazote, queso y alguna de las carnes que tradicionalmente acompañan la preparación; cecina, carne enchilada, chorizo asado o huevo con chorizo.

La combinación puede parecer sencilla, pero el carácter está en la salsa. Hay una verde, una de tomate, una campechana de jitomate con chile jalapeño y otra de chile seco que, advierten los propios cocineros, no es para cualquiera.

Una enchilada no es cualquier enchilada | Foto. Josué Ortiz
Una enchilada no es cualquier enchilada | Foto. Josué Ortiz

El chile seco marca el extremo de la escala, quien asegura que “aguanta el picante” suele descubrir aquí que todavía existe otro nivel.

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Y no es una exageración, la variedad de salsas forma parte de la tradición gastronómica de Huejutla, donde las enchiladas pueden encontrarse preparadas con chile seco, tomate verde, jitomate o ajonjolí.

El bocol y el tlacoyo cambian de forma

La cocina huasteca también obliga a mirar dos veces algunos antojitos conocidos.

Los bocoles, por ejemplo, son pequeñas piezas de masa de maíz, tradicionalmente preparadas con manteca y rellenos como frijol o queso con chile. Con el tiempo también han incorporado otros guisados.

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En Huejutla, cuentan los propietarios, también cambia la apariencia de los tlacoyos. Allá se preparan más parecidos a un pequeño huarache; llevan frijol en la masa y encima pueden incorporar bistec, pollo, chicharrón, champiñones o huitlacoche, además de queso.

Y si de huaraches se trata, los de la Huasteca son todavía más grandes, se sirven con guisado, lechuga y queso fresco.

El bocol y el tlacoyo cambian de forma | Foto: Josué Ortiz
El bocol y el tlacoyo cambian de forma | Foto: Josué Ortiz

De Huejutla a El Tezontle

Detrás de este negocio hay una historia familiar que comenzó mucho antes de llegar a Pachuca.

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Uno de sus propietarios recuerda que empezó a trabajar en la cocina desde los 8 años ayudando a su madre. Lo que comenzó como una tarea para un niño terminó convirtiéndose en una trayectoria de alrededor de 25 años.

La enseñanza viene de generaciones anteriores, particularmente de su abuela a quien atribuyen parte de la tradición familiar en la cocina. Ahora, esa cadena de recetas llegó a Pachuca.

Actualmente ofrecen desde quesadillas, sopes y gorditas hasta bocoles, tlacoyos y el plato huasteco, donde a intención es mantener el vínculo con su lugar de origen. Por eso buena parte de los ingredientes que utilizan llegan desde Huejutla, incluidos carnes, quesos, frijoles y manteca.

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De Huejutla a El Tezontle | Foto: Josué Ortiz
De Huejutla a El Tezontle | Foto: Josué Ortiz

La distancia entre Huejutla y Pachuca no ha impedido que los sabores viajen. Los huejutlenses cuentan que realizan pedidos frecuentes para mantener disponibles los ingredientes y productos que consideran esenciales para conservar sus preparaciones.

Incluso el pan huasteco y el café de olla forman parte de esa apuesta por conservar el sabor de allá.

Hay piezas de pan con nombres propios, como la mestiza y la cartera de mantequilla, que acompañan el café y cierran la comida con un sabor menos picante, pero igualmente ligado a la región.

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Para quienes dejaron su tierra, servir un plato huasteco también es una manera de regresar, aunque sea por unos minutos, a casa.

De Huejutla a El Tezontle | Foto: Josué Ortiz
De Huejutla a El Tezontle | Foto: Josué Ortiz

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