Hablar de Hidalgo es hablar del maguey. De esta planta nacen el pulque, la barbacoa, los mixiotes y los chinicuiles, elementos que forman parte de la identidad gastronómica y cultural del estado. Sin embargo, detrás de esa tradición existe una crisis que amenaza con hacer desaparecer una de las actividades más representativas de la entidad.
En comunidades como San Antonio Oxtoyucan, productores buscan nuevas alternativas para mantener vivo el legado pulquero. La Organización de Destiladores de Hidalgo, asegura que el maguey pasó de ser uno de los principales motores económicos del estado a enfrentar una reducción histórica en su producción.

Durante la época de las haciendas, Hidalgo llegó a tener más de 84 mil hectáreas sembradas de maguey. Actualmente, de acuerdo con datos del Colegio del Estado de Hidalgo, apenas sobreviven poco más de 6 mil hectáreas de maguey pulquero.
La caída también se refleja en las ventas. Hace décadas en esta comunidad de Zempoala se comercializaban hasta 49 mil litros de pulque por semana; hoy, alcanzar 500 litros resulta complicado.
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El destilado, la apuesta para sobrevivir
La pandemia agravó aún más el panorama. Mientras otras bebidas alcohólicas lograron mantenerse en el mercado, el pulque sufrió un desplome debido a su corta vida útil, pues sólo puede conservarse algunos días.
Ante ello, productores comenzaron a impulsar nuevamente el destilado de aguamiel, un proceso similar al del tequila y mezcal, que permite conservar la bebida por más tiempo y comercializarla en otros mercados.

Además de eliminar la viscosidad característica del pulque, el destilado ha comenzado a abrirse camino como una bebida premium, con botellas que alcanzan precios de entre 500 y mil 500 pesos, dependiendo del proceso de añejamiento.
Uno de los avances más importantes ocurrió en agosto de 2025, cuando el aguamiel de Hidalgo obtuvo la indicación geográfica protegida, medida que actualmente ampara la producción en 44 municipios de la entidad.
Una tradición que también enfrenta el abandono generacional
Más allá del mercado, los productores enfrentan otro problema, cada vez menos jóvenes se interesan por cultivar maguey.
El crecimiento urbano, la venta irregular de tierras y la falta de relevo generacional han provocado que muchas plantaciones desaparezcan. A esto se suma que algunas especies de maguey tardan entre ocho y 25 años en alcanzar su etapa productiva.
Aunque desde 2011 existe en Hidalgo una Ley para el Manejo Sustentable del Maguey, productores consideran que el verdadero reto será evitar que se pierda una tradición ligada a la historia y cultura del estado.
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