Entrar en la Exhacienda Casa Grande, en Zempoala, es un viaje en el tiempo. Hay lugares que parecen haberse quedado suspendidos en el pasado y este es uno de ellos.
Detrás de sus muros se asoma una parte de la historia del municipio, aquella época en la que las haciendas no solo eran grandes propiedades, sino verdaderos centros de actividad económica donde se producía, se comerciaba y se abastecía a buena parte de la población.
Casa Grande fue una de esas propiedades. En sus instalaciones funcionaron una tienda de raya, panadería y recaudería; también se fabricaban escobas y se desarrollaban actividades relacionadas con el maguey y la producción de pulque.
Pero si algo distingue actualmente a este inmueble es que su historia no está únicamente en los libros, también está en los objetos, espacios y las anécdotas que todavía conserva.
Una casa que sigue contando historias
La propiedad pertenece actualmente a la familia Enciso, la segunda familia que ha sido propietaria de la hacienda y que lleva cuatro generaciones en este lugar.
Aunque el inmueble conserva su carácter histórico, no es una construcción abandonada. Parte de la propiedad continúa utilizándose como casa de descanso de la familia, lo que permite que algunos de sus espacios mantengan una conexión con la vida cotidiana.
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Al recorrerla aparecen piezas que parecen sacadas de otra época: pianos antiguos, vehículos, carretas, caballerizas, un aljibe y un salón de estilo francés.
También hay un jardín y una biblioteca que resguarda parte de la memoria de la familia y de la propia hacienda.
Y luego están los muros… En varias de las habitaciones pueden encontrarse pinturas realizadas por la esposa del actual propietario, quien es artista y se dedica a la pintura.
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La peculiar mesa que nació de un accidente
Entre tantos objetos y rincones hay uno que inevitablemente llama la atención, una mesa en forma de herradura. Su peculiar diseño tiene un origen nada elegante, contrario a lo que podría imaginarse.
La anécdota cuenta que durante una cena con invitados importantes, uno de los meseros terminó derramando la sopa sobre la cabeza de uno de los asistentes. El episodio habría sido suficiente para que el propietario tomara una decisión, modificar la mesa para evitar que algo semejante volviera a ocurrir.
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Así nació la mesa de herradura que actualmente forma parte de los objetos curiosos de Casa Grande.

Pero la mesa no es el único rincón que guarda historias sobre las antiguas costumbres de la hacienda.
En una de las puertas todavía puede observarse una pequeña estructura conocida como “garabato”, donde antiguamente se colgaba la carne para conservarla antes de que existieran los refrigeradores.
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La carne también era sometida a un proceso de ahumado y las pequeñas ventanas ubicadas en la parte superior del espacio permitían la salida del humo.
De ahí proviene, precisamente, el conocido dicho “un ojo al gato y el otro al garabato”, relacionado con la necesidad de mantenerse atento al gato y a la carne que permanecía colgada.

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Un auto detenido en el tiempo
La historia de Casa Grande no se encuentra únicamente en muebles, pinturas y espacios antiguos. También hay objetos mucho más recientes que terminaron convirtiéndose en parte del paisaje de la hacienda. Uno de ellos es un automóvil Chrysler propiedad del actual dueño.
El vehículo todavía funciona, pero tiene problemas con los frenos y lleva varios años sin ponerse en marcha. Ahora permanece como pieza decorativa dentro de la propiedad, como una especie de fotografía de otra época que todavía puede observarse en tres dimensiones.

También se conserva una antigua carretilla, que actualmente se utiliza como elemento decorativo durante los eventos y que se ha convertido en uno de los objetos que los visitantes aprovechan para sus fotografías.
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A estos elementos se suman los habitantes de cuatro patas que forman parte de la hacienda. Entre ellos se encuentran caballos cuyos nombres también tienen su propia personalidad: General, Alfalfa y Quesadilla; además de una perrita color café, raza San Bernardo llamada Pancha y su fiel amigo Silvestre, un gatito bicolor.

Una hacienda dentro de otra historia
Casa Grande también guarda un vínculo con una de las obras hidráulicas más impresionantes de Hidalgo, el Acueducto del Padre Tembleque.
Parte de esta construcción puede encontrarse dentro de los terrenos de la hacienda, sumando otro capítulo a la historia de un inmueble que fue testigo de la actividad económica y social de Zempoala.
Actualmente, algunas de sus áreas son utilizadas para realizar recorridos y otras funcionan como salones para eventos sociales. El inmueble también conserva espacios que anteriormente tuvieron funciones productivas y comerciales, como la antigua tienda de raya.

Recorrer sus habitaciones implica algo más que observar una construcción antigua, cada espacio permite asomarse a diferentes momentos de la vida de quienes estuvieron relacionados con este lugar.
Casa Grande no funciona como museo abierto permanentemente, para conocerla es necesario programar previamente un recorrido a través de Turismo. Durante la visita se puede conocer la historia de la familia Enciso y descubrir los distintos rincones, objetos y anécdotas que permanecen dentro de la propiedad.

Así, entre un piano que todavía forma parte de la vida familiar, antiguas carretas, pinturas en los muros, un Chrysler que permanece detenido y una mesa que terminó convertida en herradura por una sopa mal servida, Casa Grande mantiene viva una parte de la memoria de Zempoala.
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