Hay terrenos que terminan por revelar la historia de un gobierno. En San Agustín Tlaxiaca, donde alguna vez se anunció un sincrotrón, hoy trabaja el Complejo Hidalgo Honesto y en esa misma zona se levantan viviendas para familias que esperan algo tan sencillo y tan grande como tener casa propia.

La tierra empieza a contar otra historia, ya le tocaba, durante años le sembraron anuncios y quisieron cosechar aplausos.

En noviembre de 2023 publiqué en estas páginas “Sincrotrón, un sueño guajiro”. Cuestioné un proyecto que necesitaba miles de millones de pesos y una participación federal que nunca se consolidó; había grandes explicaciones sobre sus alcances, pero faltaba responder lo elemental: quién pagaría su construcción, equipamiento y operación.

Complejo Hidalgo Honesto I Foto: Especial
Complejo Hidalgo Honesto I Foto: Especial

Se hablaba de ciencia de vanguardia, nanotecnología y hasta de vacunas, el discurso alcanzaba para todo; el financiamiento, para concretarlo, nunca llegó.

Eso sí, hubo promoción, comitivas y viajes al extranjero. Para conocer instalaciones en Washington y Suiza sí encontraron camino; para construir la de Hidalgo nunca encontraron una ruta financiera viable; el proyecto se quedó en tierra, aunque sus promotores sí pudieron tomar el avión.

Un sueño guajiro con gastos muy despiertos.

La ciencia merece respeto, precisamente por eso resulta cuestionable envolver una promesa presupuestariamente insostenible en el prestigio de la investigación.

Un proyecto científico exige estudios, recursos y compromisos firmes, los discursos entusiastas y las fotografías de funcionarios de viaje sirven para llenar archivos; difícilmente sostienen un laboratorio.

Porque hasta para soñar hay que hacer cuentas. Sobre todo cuando la cuenta la paga el pueblo.

El sincrotrón nunca se concretó. Quedó una colección de anuncios y expectativas que no produjo una instalación científica en funcionamiento. Mucha vuelta alrededor de un proyecto al que nunca pudieron ponerle cimientos.

Pero aquellos terrenos merecían un destino más útil, que esperar la siguiente presentación de diapositivas.

Complejo Hidalgo Honesto I Foto: Especial
Complejo Hidalgo Honesto I Foto: Especial

Hoy, el Complejo Hidalgo Honesto reúne tres edificios con una responsabilidad concreta: cuidar el dinero público. Ingenieros que revisan obras; contadores que siguen el rastro de los recursos; abogados que integran investigaciones y procedimientos de responsabilidad. Distintas profesiones, una misma obligación: que cada peso llegue a donde debe llegar.

Ahí también hay ciencia aplicada al servicio de la gente, los laboratorios permiten revisar materiales y comprobar la calidad de lo que se construye. Una muestra de concreto puede revelar lo que una fachada bonita disimula. Una prueba de asfalto ayuda a saber si el pavimento soportará el uso para el que fue contratado.

El laboratorio pone sobre la mesa algo que difícilmente admite discursos: evidencia.

Porque la corrupción también se esconde en una mezcla rebajada, en materiales de menor calidad o en trabajos cobrados como terminados que todavía esperan la primera palada. Detectarla requiere preparación, equipos y servidores públicos capaces de sostener sus observaciones.

La concentración de oficinas y las pruebas realizadas con capacidad propia representan un ahorro anual estimado de 32 millones de pesos en arrendamientos y servicios externos. Ese ahorro debe acreditarse con el mismo rigor que exigimos a cualquier dependencia. La Contraloría también tiene que dar cuentas.

Pero el despertar de esta zona tiene otra imagen, quizá todavía más entrañable: los edificios de Vivienda para el Bienestar.

En San Agustín Tlaxiaca avanzan los desarrollos del programa impulsado por la presidenta Claudia Sheinbaum, con participación del gobierno de Julio Menchaca. Se prevén primeras entregas antes de concluir este año. En Citnova, la Comisión Nacional de Vivienda ha informado sobre los preparativos para entregar mil 410 viviendas.

Detrás de cada puerta habrá una historia, una familia que podrá hacer planes, acomodar sus muebles, poner una mesa y decir: “Ahora sí, estamos en casa”.

Para quien lleva años pagando renta, una llave pesa más que cualquier discurso.

Ahí está el vínculo entre ambas obras, cuidar los recursos públicos y convertirlos en bienestar. Vigilar que el dinero alcance, que los materiales cumplan y que las familias reciban lo prometido.

Todavía hay tareas pendientes y compromisos que deberán acreditarse con hechos; esa es la medida que corresponde aplicar a todos.

Aquellos terrenos ya tuvieron su temporada de fantasía, anuncios y paseos. Hoy tienen trabajo, laboratorios y hogares en construcción.

Del sueño guajiro a un hermoso despertar: que el dinero del pueblo deje de financiar ilusiones de unos cuantos y ayude a construir el futuro de muchas familias.

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