Hay lugares que no necesitan grandes letreros para contar su historia, basta caminar entre sus muros, levantar la mirada hacia una antigua estructura de piedra o detenerse frente a una fuente para descubrir que durante siglos por ese mismo sitio han pasado generaciones enteras.

En el centro de Zempoala se encuentra el templo y exconvento de Todos los Santos, uno de los inmuebles que forman parte del paisaje histórico de este Pueblo Mágico y que conserva entre sus paredes algunos de los episodios que marcaron la transformación religiosa y social de la región.

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Su arquitectura remite a finales del siglo XVI y está vinculada con la presencia de los franciscanos, pero también con uno de los personajes más importantes de la historia hidráulica de la zona, fray Francisco de Tembleque.

El recinto incluso conserva un ramal del Acueducto de Tembleque, obra que durante el siglo XVI permitió transportar agua hacia distintas poblaciones y que actualmente forma parte del patrimonio reconocido por la UNESCO.

Una puerta entre dos mundos

Uno de los elementos que más llaman la atención al recorrer el exconvento es su capilla abierta.

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Hoy puede parecer una estructura más dentro del conjunto arquitectónico, pero en su momento tuvo una función fundamental, facilitar el proceso de evangelización de los habitantes originarios de Zempoala.

Para los pueblos indígenas de la época, las ceremonias religiosas estaban estrechamente relacionadas con la naturaleza. El sol, la tierra, el agua y el fuego formaban parte de sus creencias y rituales, realizados principalmente al aire libre.

Frente a esa realidad, los franciscanos optaron por una transición gradual hacia la religión católica. La capilla abierta permitió que las ceremonias cristianas se realizaran todavía en un espacio abierto, antes de que los habitantes se acostumbraran a ingresar a los templos.

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Una puerta entre dos mundos | Foto: Josué Ortiz
Una puerta entre dos mundos | Foto: Josué Ortiz

El agua que llegó hasta el convento

Pero la historia del exconvento también puede contarse a través del agua. El ramal del Acueducto de Tembleque que llega hasta este espacio tenía como destino una fuente octagonal y posteriormente el aljibe.

Este último era una construcción destinada al almacenamiento del agua, indispensable para las actividades cotidianas de quienes habitaban el recinto. Ahí se podía disponer del líquido para preparar alimentos y atender necesidades relacionadas con la higiene y el cuidado personal.

El sistema hidráulico adquirió especial importancia en una época en la que contar con agua limpia representaba también un asunto de salud.

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El agua que llegó hasta el convento | Foto: Josué Ortiz
El agua que llegó hasta el convento | Foto: Josué Ortiz

De convento a cuartel

Los muros del inmueble también fueron testigos de tiempos convulsos.

Durante la Revolución, algunas áreas del exconvento fueron utilizadas como cuarteles. Fotografías antiguas permiten observar cómo determinados accesos fueron cubiertos con piedra para proteger el inmueble y a quienes se encontraban dentro.

La capilla abierta también tuvo esta función de resguardo.

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Esos vestigios permiten imaginar un escenario muy distinto al que actualmente encuentra el visitante; un edificio religioso convertido temporalmente en espacio militar, con sus accesos bloqueados y sus muros funcionando como protección.

De convento a cuartel | Foto: Josué Ortiz
De convento a cuartel | Foto: Josué Ortiz

Una arquitectura llena de símbolos

Su arquitectura responde a características propias de la tradición franciscana. Dentro de la capilla pueden encontrarse elementos relacionados con el lazo franciscano y los cuatro votos de esta orden religiosa.

También destacan algunas estructuras con ocho picos, cuya simbología está relacionada con la divinidad y el infinito de Dios.

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La cruz del recinto es otro de los elementos cargados de significado. Originalmente era de madera, pero posteriormente fue elaborada en piedra. A ella se incorporaron formas semejantes a raíces, relacionadas con la divinidad y el origen de la vida.

Una arquitectura llena de símbolos | Foto: Josué Ortiz
Una arquitectura llena de símbolos | Foto: Josué Ortiz

Una historia que todavía se puede recorrer

El exconvento cuenta también con un pequeño museo, aunque su acceso es controlado y las exposiciones se habilitan principalmente durante fechas específicas, como la fiesta patronal del 4 de julio y algunas celebraciones decembrinas.

Y precisamente durante la fiesta patronal el antiguo recinto recupera parte de su carácter de punto de reunión.

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Una historia que todavía se puede recorrer | Foto: Josué Ortiz
Una historia que todavía se puede recorrer | Foto: Josué Ortiz

Cada 4 de julio, Zempoala celebra a través de actividades religiosas, culturales y musicales. Entre las tradiciones se encuentra la quema del castillo que reúne a familias y visitantes alrededor del templo y el exconvento.

Durante la celebración de este año, la festividad congregó a más de 80 mil visitantes durante varios días.

Para quienes quieran conocer esos detalles, la dirección de Turismo del municipio ofrece recorridos guiados durante los fines de semana.

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