En una calle cerrada de Mixquiahuala, detrás de muros que resguardan silencio y color, el arte no se ha detenido, la casa de Byron Gálvez permanece viva. No solo por sus cuadros, sino por la presencia constante de quien hoy la habita: Eva Beloglovsky, su compañera de vida y guardiana de su legado.

“Esta casa la pensamos como un centro cultural”, dice Eva mientras recorre los espacios donde conviven lienzos, esculturas y recuerdos. Han pasado más de 15 años desde la muerte del artista, pero su obra sigue encontrando nuevas formas de dialogar con el presente.

El proyecto no es inmediato pues depende de donativos, de voluntades, de coincidencias. Pero la intención es clara, convertir este lugar en un punto de encuentro donde el arte deje de ser lejano y se vuelva experiencia.

La promesa de permanecer

La historia entre Eva y Byron comenzó lejos de Hidalgo, en el mundo del arte que ella ya conocía bien. Formada en letras e historia del arte, su camino la llevó a trabajar con coleccionistas y artistas entre México y Estados Unidos.

Fue en una reunión donde fungía como intérprete, que conoció a Byron. No fue un flechazo inmediato, la relación se construyó con el tiempo, entre conversaciones, trabajo y afinidades.

“Éramos amigos, hablábamos sin parar”, recuerda. Ambos atravesaban momentos complejos en sus vidas personales. Con los años, esa cercanía se transformó en una relación que duraría hasta el fallecimiento del artista en 2009.

La casa donde el arte sigue respirando | Foto: Josué Ortiz
La casa donde el arte sigue respirando | Foto: Josué Ortiz

Antes de morir, Byron le hizo un cuestionamiento que marcaría el rumbo de Eva. Le preguntó si podría quedarse en la casa sin él, la respuesta fue sí.

No desde la resignación, sino desde la certeza de que ese espacio era una extensión de su historia compartida. Eva no solo se quedó, convirtió la casa en un archivo vivo, en un punto de partida.

“Le prometí que su legado iba a subsistir”, dice, y desde entonces ha cumplido.

El arte como experiencia

Hoy, esa promesa se traduce en actividades que buscan acercar el arte a quienes muchas veces no han tenido contacto con él.

En el jardín de la casa, estudiantes se reúnen para participar en ejercicios poco convencionales: menús sensoriales, dinámicas que combinan pintura y música, encuentros donde el arte se percibe con todos los sentidos.

La casa donde el arte sigue respirando | Foto: Josué Ortiz
La casa donde el arte sigue respirando | Foto: Josué Ortiz

Eva propone, por ejemplo, observar una obra de Jackson Pollock mientras suena la Obertura 1812 de Piotr Ilich Chaikovski. La intención es que los jóvenes aprendan a relacionar lo visual con lo auditivo, a desarrollar sensibilidad y criterio.

“Necesitan parámetros, el arte también es una herramienta para competir allá afuera”, afirma.

La labor de Eva no se limita a preservar obra, a través de su asociación civil ha desarrollado modelos donde el arte se convierte en un puente social.

Durante la pandemia, organizó una iniciativa que permitió recaudar fondos mediante la venta de gráfica digital. El resultado, más de 7 mil comidas entregadas a personal médico, además del rescate de restaurantes locales.

Una obra monumental | Foto: https://sic.cultura.gob.mx/
Una obra monumental | Foto: https://sic.cultura.gob.mx/

Mientras camina entre cuadros —muchos de ellos centrados en la figura femenina, constante en la obra de Byron—, Eva imagina lo que vendrá.

Un centro cultural con conciertos, exposiciones, encuentros gastronómicos, cine y formación artística. Un espacio donde el arte no se observe a distancia, sino que se habite.

A sus casi 80 años, su energía sigue enfocada en ese objetivo: “hay cosas que aún quiero hacer”.

Una obra monumental

Hablar de Byron Gálvez es hablar inevitablemente del Pisal, la enorme pieza ubicada en el Parque Cultural Hidalguense. Eva no solo fue testigo del proceso, lo coordinó.

La obra concebida como una “loza pictórica”, forma parte de un proyecto mayor que buscaba integrar espacios culturales, áreas verdes y convivencia social. El parque fue nombrado en honor a David Ben-Gurión, en reconocimiento a la participación de la comunidad judía en su desarrollo.

Hoy, aunque el paso del tiempo ha dejado huellas en la pieza, su dimensión simbólica permanece intacta.

Una obra monumental | Foto: Wikimedia Commons
Una obra monumental | Foto: Wikimedia Commons

La vida con Byron, reconoce que no fue sencilla. Los artistas son intensos, sensibles, impredecibles; pero también sonen sus palabras, “maravillosos”.

Eva lo resume con naturalidad: “él sigue aquí”.

: ¡EL UNIVERSAL HIDALGO ya está en Whatsapp!, desde tu dispositivo móvil entérate de las noticias más relevantes del día, artículos de opinión, entretenimiento, tendencias y más.

TEMAS RELACIONADOS

Google News

[Publicidad]