Un grave incidente de discriminación paralizó la Torre Eiffel tras una huelga del personal en protesta por la invisibilización de sus trabajadoras durante la visita de un grupo religioso conservador.

El pasado sábado, una delegación del grupo hindú BAPS solicitó no interactuar con personal femenino durante su recorrido. Para complacer la petición, mandos de la Torre Eiffel ordenaron retirar y sustituir a las empleadas por personal masculino.

La Confederación General del Trabajo (CGT) calificó la medida de "humillante" e inaceptable, denunciando una violación directa a las leyes de igualdad de género y laicidad. La huelga del lunes obligó al cierre total del monumento turístico.

Lo que más indigna a los sindicatos es la falta de respuestas: los principales dirigentes de la empresa administradora (SETE) aseguran que no estaban al tanto de la decisión tomada por los mandos operativos en el sitio, dejando al descubierto una grave falla en la cadena de mando. Ante la presión política, la empresa admitió que la petición "jamás debió ser aceptada" y abrió una investigación interna.

Este caso en la Torre Eiffel no ocurre en el vacío. Representantes del sector señalan que en la industria de la hospitalidad y el turismo como hoteles de lujo, restaurantes de alta gama y recintos culturales no es raro que ciertos clientes VIP o delegaciones privadas realicen peticiones discriminatorias. En ocasiones, los clientes exigen no ser atendidos por personal de determinadas nacionalidades o etnias por prejuicios racistas, y algunos establecimientos acceden en privado para no perder contratos o complacer al visitante, vulnerando los derechos laborales.

Lo ocurrido en París rompió el silencio sobre esta controvertida práctica al llegar a uno de los espacios públicos más emblemáticos del mundo.

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