Resultaría fácil presentar la discusión sobre comisiones como una pelea entre banqueros y pequeños comerciantes. Sería también un error. México necesita una banca fuerte, fintech innovadoras, redes seguras y millones de establecimientos aceptando pagos electrónicos. El desacuerdo no está en el destino. Está en el costo del camino y en quién termina absorbiéndolo.
La Asociación de Bancos de México hizo una precisión necesaria: las tasas de 4.50% para comercio minorista y 5.39% para restaurantes son máximos observados, no promedios. De acuerdo con la propia ABM, a septiembre de 2025 la tasa de descuento promedio ponderada se ubicó en 2.15% para crédito y 1.72% para débito. Reconocerlo no debilita la discusión; la vuelve más seria.
Pero el promedio no cierra el debate. Si una persona entra a un restaurante y pide el ingreso promedio de todos los comensales, obtendrá un dato correcto que no revela cuánto gana cada uno. Con las comisiones ocurre lo mismo.
El contrato de una cadena con miles de operaciones no refleja necesariamente las condiciones de una tienda familiar que procesa pocos pagos y no tiene poder para negociar. Jean Tirole y Jean-Charles Rochet explicaron que las tarjetas operan como mercados de dos lados. Para que la red funcione necesita consumidores que quieran pagar y comercios dispuestos a aceptar.
El problema regulatorio surge al decidir cómo repartir los costos. Julian Wright ha señalado que una red dominante puede establecer cuotas por encima del nivel que maximiza el bienestar. David Evans y Richard Schmalensee, desde otra perspectiva, advierten que regular un solo componente sin observar el sistema completo puede trasladar el costo a otra parte. Ambas advertencias deben escucharse.
También debemos abandonar una simplificación: tasa de descuento y cuota de intercambio no son sinónimos.
La primera es el costo total que paga el comercio; la segunda es uno de sus componentes. Pueden agregarse adquirencia, red, procesamiento, renta, servicios y condiciones comerciales.
Si queremos comparar México con Europa, Brasil, Corea del Sur, Estados Unidos o Colombia, debemos decir cuándo hablamos de MDR y cuándo solamente de intercambio.
Desde CONCANACO proponemos convertir la diferencia pública con la ABM en una agenda compartida. Una mesa nacional debería estudiar tasas efectivas por tamaño, giro y volumen; publicar comparadores claros; revisar costos de operaciones de bajo monto; promover mayor competencia y analizar una tarifa preferencial para micro y pequeños establecimientos.
Deben participar Banxico, Hacienda, CNBV, banca, adquirentes, agregadores, redes y comercio organizado. No buscamos señalar a la banca. Buscamos bajar barreras. La inclusión financiera no se logrará obligando al pequeño negocio a digitalizarse, sino haciendo que le convenga hacerlo.
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