La incursión de la derecha en América Latina no se había visto con tanta preocupación como ahora. Los antecedentes de Alberto Fujimori en Perú, Carlos Menen en Argentina y Carlos Salinas en México, muy proclives a las políticas neoliberales, resultaban casos iniciales de aprendices conservadores.
No obstante, el regreso de la parte más radical de aquel sector que ahora llega a la región, representa una verdadera amenaza. No solo porque son auspiciadas por la ideología radical de Trump, sino porque parece que cuentan con una amplia base social.
Un claro ejemplo es lo que pasó este fin de semana en Brasil donde el ultraderechista Flávio Bolsonaro obtuvo el 47,03% de la votación y el actual presidente, el izquierdista Luiz Inácio Lula da Silva se quedó con el 45,16%, de los votos para la presidencia de aquel país.
Los resultados de esta primera ronda arrogaron una diferencia menor entre los dos proyectos y, por tal motivo, todo se disputará en una segunda vuelta el próximo 25 de octubre. La diferencia en cuestión equivale a 2,2 millones de votos.
Aunque la distancia entre uno y otro parece menor, lo cierto es que el izquierdista Lula ha reconocido que no eran los números que esperaba y que a partir de ahora “inicia otra campaña”. Mientras que su contraparte anunció “el fin de la era del Partido del Trabajo” instituto que apoya al líder sindical dos veces presidente de Brasil.
Cualquiera que sea el resultado en aquel país sudamericano, el modelo ideológico de la izquierda pasa por un mal momento. Así como se hablaba de una ola dominante de gobiernos emanados desde la lucha sindical, obreros y trabajadores; ahora en la región los perfiles de empresarios y conservadores tienen amplio respaldo popular.
Vale la pena analizar con detalle estos casos externos porque en México también ha sido difícil el ejercicio de gobierno de los últimos años. Proyectos, por cierto, emanados desde la denominada izquierda.
Para mantenerse en la memoria y en la gracia de los electores, el modelo ideológico que mantiene Morena como partido en el gobierno debe procurar condiciones estables en la economía, combatir el crimen organizado y bajar los indicadores de inseguridad que tanto desgastan la imagen de los gobiernos.
También hay que decir, que algunos referentes regionales nada alentadores han sumado a la crisis de la izquierda en Latinoamérica. Entre ellos los radicalismos de Venezuela y Cuba que generan un amplio rechazo general por sus posturas confrontativas.
También se acentúa el llamado cansancio social, es decir, los votantes buscan nuevas opciones al ver que las promesas de cambio social no se cumplieron con los gobiernos que decía tener la receta para salir de la pobreza, mantener la estabilidad financiera y seguridad requerida en esta parte del mundo tan lastimada.
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