De entre los pobres, los marginados, los olvidados y los desposeídos, han sido y son, lamentablemente, las personas que conforman los pueblos indígenas.

En esa condición de adversidad, sobreviven varias comunidades del Mezquital, de la Huasteca, de las sierras Alta y Gorda, y también de la Otomí Tepehua; Huehuetla es un evidente ejemplo de ese olvido.

En esa localidad hidalguense, donde la pobreza y el intenso olor a humedad se respiran en la piel, los habitantes del lugar, saben que “cuando llueve, llueve en serio”.

Pero a la empresa responsable de dar mantenimiento al hospital comunitario, de la que se sabe, fue presuntamente contratada por el IMSS-Bienestar en el proceso de transición, no le importó retirar la impermeabilización la loza del nosocomio en plena temporada de lluvias.

Así fue que, enmedio de las tormentas que azotaron a la Otomí-Tepehua en septiembre pasado, las filtraciones de agua en toda la loza del nosocomio, provocaron la caída de los plafones en las áreas de hospitalización, de pediatría, en los quirófanos y urgencias.

En esos momentos, los enfermos tuvieron que ser desalojados, y referidos a hospitales de Pachuca, Tulancingo y San Bartolo Tutotepec.

A tres meses de distancia, las áreas de hospitalización, urgencias y quirófanos no funcionan; en Huehuetla, donde habitan los pobres de los pobres, la gente de la cabecera municipal y de distintas comunidades está inconforme, enojada, nunca antes había ocurrido en los 15 años de vida que tiene el nosocomio.

Así, como medida de presión para exigir solución al problema, los pobladores inconformes decidieron impedir el ingreso de las autoridades del nosocomio a la comunidad, en el hospital hay un “desgobierno”, mientras médicos y enfermeras, hacen lo posible para atender a una localidad marcada hasta hoy por el abandono.

Los espacios que en algún momento sirvieron para las tareas administrativas, hoy son improvisados consultorios, a los que se sumaron dos unidades móviles, similares a las que usaban los gobiernos del pasado para hacer sus caravanas; las cosas no son distintas.

Recientemente, conversé con el subsecretario de Egresos de la secretaría de Hacienda y le pregunté en específico del asunto, puntual, me respondió que, en el presupuesto de este año, se tienen los recursos para el mantenimiento y la rehabilitación mayor del nosocomio “que primero es el pueblo”.

Sin embargo, a tres semanas de que concluya el año los recursos no llegan, mientras el hospital del pueblo está colapsado, funciona a medias, solo se estabiliza a los pacientes catalogados como urgencias y son referidos, como ocurre igual con las intervenciones quirúrgicas.

Algo tienen en común Dinamarca y Huehuetla; sus bosques, el verdor de sus paisajes, la intensa humedad de su generosa tierra, sin embargo, en Dinamarca los hospitales si funcionan, el de Huehuetla, no y parece no importarle a nadie.

SE LO PONGO POR ESCRITO

Me dijo un especialista en nutrición, que cuando los alimentos se tornan enmohecidos, “apestan”, y adquieren intensos lunares de colores naranja y verde, son señales de que se echaron a perder.

Así parece estar el llamado GPI (Grupo Plural Independiente), que a veces se torna naranja al coquetear con Movimiento Ciudadano, y otras veces verde cuando buscan el cobijo del PVEM.

Google News

TEMAS RELACIONADOS