“La confianza es el pegamento de la vida.” La frase de Stephen R. Covey resume una verdad tan antigua como la propia civilización. Antes que las leyes, antes que los gobiernos e incluso antes que las monedas, las sociedades sobrevivieron porque aprendieron a confiar.
Aristóteles afirmaba que toda comunidad política existe para alcanzar el bien común. Veintitrés siglos después, el sociólogo alemán Niklas Luhmann explicaría que la confianza es el mecanismo que permite reducir la incertidumbre y hacer posible la convivencia. Sin confianza, toda decisión pública despierta sospechas; las instituciones pierden legitimidad y la democracia comienza a erosionarse silenciosamente.
La confianza, entonces, no es un sentimiento ingenuo. Es una construcción permanente, se gana lentamente y puede perderse en un instante.
Por ello, quizá la función más importante de una contraloría no sea auditar, investigar o sancionar. Esas son sus facultades legales y constituyen los instrumentos para cumplir su misión. El verdadero propósito es mucho más profundo: otorgar a la ciudadanía la confianza de que quienes administran el patrimonio público lo hacen con honestidad, legalidad, transparencia y responsabilidad.
En otras palabras, la principal función de una contraloría es construir confianza.
Cada auditoría realizada con rigor, cada procedimiento de responsabilidad administrativa, cada denuncia presentada cuando la ley así lo exige, cada acto preventivo y cada revisión de una obra pública, cada revisión a un contrato y el actuar de proveedores y contratistas de gobierno envían un mensaje silencioso pero poderoso: el gobierno tiene controles y esos controles funcionan.
Cuando el ciudadano sabe que existe una institución que vigila el ejercicio del poder, comienza a confiar nuevamente en sus instituciones.
Bajo esa convicción nació en Hidalgo un modelo de control gubernamental cuyo propósito rebasa la simple fiscalización. Hidalgo Honesto representa una visión donde la prevención, la vigilancia, la participación ciudadana, la innovación tecnológica y el fortalecimiento institucional convergen para generar confianza pública.
La construcción del complejo Hidalgo Honesto, integrado por tres edificios especializados, simboliza esa transformación. Durante décadas las áreas encargadas del control gubernamental trabajaron dispersas en diversos inmuebles; hoy auditores, ingenieros, arquitectos, abogados y especialistas en tecnologías de la información comparten un mismo espacio diseñado para fortalecer la coordinación institucional.
No fue únicamente una decisión administrativa o financiera, fue una decisión del gobernador Julio Menchaca, para fortalecer la confianza ciudadana.
La confianza también se construye cuando el gobierno entiende que la vigilancia no puede ser exclusiva de los servidores públicos.
Por ello, Hidalgo impulsa la contraloría social, la integración de alrededor de ocho mil Comités, conformados por aproximadamente cuarenta mil ciudadanos que participan directamente en la supervisión de las obras públicas y en la vigilancia de la entrega de programas sociales, si, esos ciudadanos que se ven en cada comunidad con sus chalecos y cascos amarillos.
Nadie conoce mejor una comunidad que quienes viven en ella. Nadie puede supervisar mejor una obra que quien transita diariamente por esa calle o espera que esa escuela, ese hospital o ese sistema de agua funcione correctamente. Cuando la ciudadanía participa, el control gubernamental deja de ser un ejercicio burocrático y se convierte en una responsabilidad compartida.
La confianza también necesita pruebas; por ello se creó el Laboratorio de Control de Calidad de Obra Pública, uno de los más modernos del país con 37 certificaciones, donde es posible verificar científicamente la calidad de concretos, asfaltos, aceros, suelos y demás materiales utilizados en la infraestructura pública y la calidad del agua que consume el pueblo.
Cada ensayo representa mucho más que un resultado técnico, es la tranquilidad de que las carreteras, escuelas, hospitales y obras construidas con recursos públicos cumplen con los estándares que la sociedad merece.
La confianza también exige respeto absoluto al Estado de Derecho.
La Sala de Audiencias Públicas garantiza que toda persona investigada por una presunta responsabilidad administrativa ejerza plenamente su derecho constitucional de audiencia, presente pruebas y sea escuchada antes de cualquier determinación.
Porque la legalidad no sólo protege a quien denuncia; también protege a quien es investigado. Sin debido proceso tampoco existe confianza.
Pero ninguna estrategia anticorrupción será suficiente si no logra sembrar valores en las nuevas generaciones.
Por ello surgieron programas como Superagentes de la Legalidad, mediante el cual niñas, niños y jóvenes descubren el valor de la honestidad, la legalidad y el respeto por lo público; o Cartas con Valor, que promueve la reflexión ética desde las aulas.
La mejor política anticorrupción sigue siendo la formación de ciudadanos íntegros.
Adquiere especial relevancia la reciente designación, por parte del Congreso del Estado, de las personas titulares de los Órganos Internos de Control del Instituto Estatal Electoral de Hidalgo, del Tribunal Electoral del Estado de Hidalgo, de la Comisión de Derechos Humanos del Estado de Hidalgo y de la Auditoría Superior del Estado, quienes iniciarán funciones el próximo primero de agosto para un periodo de cuatro años.
Más allá de los nombres, estas designaciones representan un compromiso con la credibilidad institucional.
Cada titular de un Órgano Interno de Control, ya sea en un municipio, un organismo descentralizado, una dependencia del Poder Ejecutivo o un organismo constitucional autónomo, tiene la responsabilidad de custodiar el activo más valioso del servicio público: la confianza ciudadana.
La confianza no acompaña automáticamente un nombramiento, se construye todos los días mediante decisiones imparciales, independencia técnica, profesionalismo, valentía para aplicar la ley y congruencia entre el discurso y los hechos.
Porque al final, el control gubernamental no existe para llenar archivos, producir estadísticas o acumular procedimientos administrativos.
Existe para que la ciudadanía tenga la certeza de que el poder público se ejerce con honestidad.
Cuando la sociedad confía, participa. Cuando participa, vigila y fortalece a sus instituciones.
Y cuando las instituciones son fuertes, la corrupción deja de ser una costumbre para convertirse en una excepción.
Los edificios redondos de Hidalgo Honesto podrán verse desde lejos. Los laboratorios podrán medir concretos y asfaltos. Los expedientes seguirán ocupando estantes y las auditorías continuarán revisando el correcto destino de los recursos públicos.
Pero la obra más importante que construye una contraloría no está hecha de acero, cemento o papel; esta edificada con algo mucho más difícil de levantar y mucho más fácil de perder.
La confianza de todo un pueblo.
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