En México estamos acostumbrados a escuchar lo mismo: discursos contra la corrupción, promesas, señalamientos, mucho ruido… y pocos resultados, pero hay algo que casi no se dice: la corrupción no se combate solo desde el poder, se combate desde la formación.

Y ahí es donde los jóvenes están empezando a cambiar la historia.

El Maratón Juvenil de Contabilidad Gubernamental y el Parlamento en Combate a la Corrupción 2026 no son concursos cualquiera, son espacios donde miles de estudiantes se meten de lleno a entender cómo funciona el dinero público, cómo se controla y, sobre todo, cómo se puede evitar que se desvíe.

Este año no es menor: mil 200 universitarios en 380 equipos, de los 32 estados del país y más de 80 universidades públicas y privadas. No es casualidad. Es una señal.

Mientras en muchos lados la corrupción se discute en la sobremesa o se critica en redes, aquí hay jóvenes que estudian leyes, revisan normas, arman propuestas. Jóvenes que no se quedan en el “esto está mal”, sino que entran al “así se corrige”.

Y eso cambia todo, porque la corrupción no es un concepto abstracto, se da cuando alguien no registra bien, cuando alguien no supervisa, cuando alguien decide hacerse de la vista gorda, es técnica… pero también es decisión.

Por eso este esfuerzo tiene sentido, porque no forma opinadores, forma gente que sabe, desde la contaduría pública organizada, encabezada por Ludivina Leija y con el impulso de Álvaro Bardales desde el sector gubernamental, se apuesta a algo más profundo: crear una generación que no llegue a improvisar al gobierno, sino a ejercerlo con conocimiento.

Aquí no hay glamour, hay estudio, no hay discursos largos, hay normas, registros, cuentas claras. No hay pretextos. Hay responsabilidad.

Y sí, también hay calle, porque muchos de estos jóvenes vienen de universidades públicas, tecnológicas, de colonias donde saben lo que pesa cada peso. Donde el dinero público no es teoría, es beca, es obra, es apoyo que sí o no llega.

Por eso entienden rápido lo que está en juego, hoy la conversación no debería ser si hay corrupción o no. Eso ya lo sabemos. La verdadera pregunta es: ¿quién la va a combatir de verdad?

Y la respuesta empieza a asomarse: una generación que ya no quiere discursos, quiere herramientas, que ya no quiere simulación, quiere control.

Que ya no quiere excusas, quiere resultados, porque al final, esto es simple: si no sabes, no controlas y si no controlas… alguien más se queda con lo que no es suyo.

Que gane el mejor, sí.

Pero que ganen los jóvenes… y con ellos, México.

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