Hace un año, lluvias sin precedente histórico golpearon con dureza a la Sierra y la Huasteca hidalguenses; la vaguada monzónica desbordó ríos, desgajó cerros, destruyó caminos, dañó viviendas y campos de cultivo, y dejó incomunicadas a numerosas comunidades.
Fueron días de angustia, lodo y pérdidas, pero también fueron días en los que pueblo y gobierno pusieron manos a la obra, mientras unos retiraban escombros, otros abrían caminos, llevaban alimentos, rescataban pertenencias o ayudaban a levantar una vivienda.

Doce meses después recorrimos durante diez días estas regiones y asistimos a los informes municipales, la mejor noticia no estuvo solamente en las cifras presentadas, sino en lo que encontramos a nuestro paso: plazas llenas, caminos transitables, comunidades con trabajo y familias reunidas nuevamente.
Hoy todas las carreteras de la Sierra y la Huasteca se encuentran en condiciones de circulación, algunos tramos todavía están en reconstrucción, pero no existe una sola comunidad incomunicada. No significa que todo esté resuelto; significa que, después de una tragedia de aquella magnitud, ningún pueblo se abandonó a su suerte. La Sierra y la Huasteca están de pie.

Los segundos informes son posiblemente los más importantes de una administración municipal. El primero suele explicar cómo se recibió el gobierno; el segundo permite mostrar resultados, y el tercero queda prácticamente atrapado por el siguiente proceso electoral; este fue, por tanto, el momento para rendir cuentas, enseñar las obras y reconocer lo que todavía falta.
En toda la región se observa el esfuerzo conjunto de las comunidades indígenas, los ayuntamientos y los gobiernos estatal y federal. Hay caminos, pavimentaciones, puentes, sistemas de agua potable, drenajes, escuelas, espacios comunitarios y trabajos para recuperar lo destruido por las lluvias.
Cada peso que no se desvía puede convertirse en un camino, un aula, una red de agua o una esperanza nueva, cuando se combate la corrupción, se vigilan las obras y se cuida el dinero público, alcanza para más.

Los quince informes huastecos y serranos se desarrollaron en paz, no hubo inconformes, manifestaciones, pancartas ni gritos. En plazas, canchas y otros espacios abiertos, la gente escuchó, reconoció y también evaluó. Esa tranquilidad no debe entenderse como ausencia de crítica, sino como una expresión de civilidad: los pueblos saben participar, exigir y dialogar sin romper la convivencia comunitaria.
Fue especialmente emotivo mirar a niñas, niños y jóvenes entonar el Himno Nacional, también debe reconocerse a militares y policías que escoltaron nuestra bandera con respeto y gallardía. En sus voces y en su disciplina se recordó que los símbolos patrios no pertenecen a una autoridad o partido, sino a todo el pueblo de México.
Las mujeres tuvieron una presencia fundamental, presidentas municipales se acompañaron unas a otras, caminaron junto a sus comunidades y demostraron que la paridad no puede reducirse a una cuota. En la Sierra y la Huasteca las mujeres gobiernan, enfrentan emergencias, recorren caminos y dan la cara.
También se escuchó el náhuatl como lengua viva e identidad de los pueblos. hubo coronas y collares de bugambilias, cempasúchil y flores de la región. El enfloramiento no es escenografía: es un acto sagrado de bienvenida, respeto y compromiso; quien recibe las flores acepta también la responsabilidad de no olvidar al pueblo que se las entregó.
La región se vistió de gala con sus bordados, bandas de viento, colores y palabra antigua, los niños cantaron, las familias ocuparon las plazas y las autoridades caminaron entre la gente. No hicieron falta demasiados visitantes de temporada electoral. los pueblos saben distinguir entre quienes aparecen cuando se acercan las elecciones y quienes permanecen cuando hay lluvia, lodo y problemas que resolver.
La reconstrucción todavía no termina, sería injusto mirar únicamente lo que falta y negar todo lo que ya está en pie. Volver a reunirse en espacios públicos también es una forma de recuperación: demuestra que existe paz social, organización, confianza y voluntad de continuar caminando juntos.
La lluvia fue histórica, la respuesta de nuestros pueblos también.
Después de la tormenta, la Sierra y la Huasteca no solamente se pusieron de pie, volvieron a caminar y hoy florecen con dignidad.
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