Celia Hernandez Hernández, quien lleva 31 años al ejercer la medicina tradicional, demuestra desde la Huasteca que el arte de curar no siempre se imparte en las aulas universitarias, ya que a menudo se hereda de cuna y se transmite de generación en generación.

En aquella región de la entidad existe un registro oficial de 223 parteras empíricas y 286 médicos tradicionales, de acuerdo con autoridades estatales.
Para Celia Hernandez, el talento de aliviar dolencias no fue una simple elección, sino un don de nacimiento guiado por revelaciones en sus sueños donde recibe la sabiduría para emplear las hierbas de la región, afirma.

Especializada en masajes, atiende a quienes sufren torceduras, golpes, caídas o secuelas de un mal dormir. En su espacio de curación destaca una preparación especial: una mezcla de hierbas de olor como la albahaca, ruda, ajo, tabaco, que deja reposar durante un año entero en aguardiente. Una vez madurada, la loción sirve para frotar el cuerpo, aliviar dolores e incluso refrescar a pacientes con fiebre.

Dentro de los rituales de la curandería tradicional, Celia Hernandez también recurre al huevo de gallina para limpias, al buscar retirar las malas energías. Tras frotarlo por todo el cuerpo del paciente, el blanquillo se sumerge en medio vaso con agua, donde permanece durante siete días antes de ser arrojado en un lugar lejano, lo que evita que alguien más absorba el malestar.
Celia Hernandez explica que el proceso de sanación es profundamente espiritual. Antes de iniciar cualquier tratamiento, realiza un ritual para pedir permiso al creador del universo y encomendarse a los santos, pues sostiene que cada uno posee un don específico para sanar distintas enfermedades. Asimismo, defiende que la medicina tradicional no compite con la científica.
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"Nosotros utilizamos hierbas naturales y la medicina científica también, pero con químicos”, explica.

Partera tradicional
En la comunidad de Oxtomal, Huejutla, la figura de María Antonia Hernández Soto, resplandece con luz propia. A sus 64 años de trayectoria como partera tradicional, pierde la cuenta de cuántos niños ha traído al mundo.
Ha vivido pérdidas profundas, luego que quedó huérfana de padre y madre, y recientemente enfrentó el fallecimiento de su esposo; sin embargo, María Antonia no interrumpe su vocación.
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Hoy en día ve caminar por las calles de su comunidad a hombres y mujeres adultos que nacieron entre sus manos, muchos de los cuales ya han formado sus propias familias. Aunque la mayoría de los partos que asistió ocurrieron en los hogares de las madres, en casos complejos siempre procuró canalizar a las mujeres al hospital del IMSS en Huejutla.

La convivencia entre estos saberes milenarios y el sistema de salud moderno requiere de puentes institucionales. Esa labor recae en Sonia Guillén Hernández, maestra en Enfermería e impulsora del programa de Interculturalidad, Promoción de la Salud y Enlace de Parteras y Médicos Tradicionales en la Jurisdicción Sanitaria número 10, con cabecera en Huejutla.
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