A un mes de que inicie el Xantolo, la Huasteca hidalguense comienza a prepararse para recibir una de las celebraciones más importantes de la región. Por ello, entre música, máscaras y ensayos, Cristian Hernández, de 11 años, se alista para volver a bailar como lo hace desde que era pequeño.
Su historia comenzó cuando tenía cinco años, Sus tíos —todos originarios del barrio San José— le enseñaron los pasos y movimientos de las cuadrillas que durante estas fechas recorren las calles de las comunidades huastecas.
Antes que él, otros integrantes de su familia ya bailaban, por lo que Cristian encontró en esa tradición una forma de mantener vivas sus raíces. Desde entonces, el baile se convirtió en parte de su vida. Este año suma seis participaciones en el Xantolo y, entre todas las danzas, hay una que más disfruta: El Caimán.
Lo que más le gusta de ese baile es lucirse frente a quienes lo observan y así mostrar los movimientos que aprendió durante años de práctica.
La máscara que usa guarda una historia familiar, pues perteneció a uno de sus tíos, quien dejó de bailar, y ahora el niño la porta como parte de esa herencia. Para él, no representa solamente un accesorio, sino una pieza más de la tradición que aprendió en casa.
En su familia son principalmente sus tíos quienes participan en las cuadrillas que desfilan por la Huasteca hidalguense al ritmo de la música de banda de viento.
En casa de Cristian, el Xantolo también se vive alrededor del altar, un arco adornado con flores de cempasúchil, dulces, fotografías y velas que reciben a quienes ya no están. Entre ellos sus abuelitos, a quienes la familia recuerda durante estas fechas.
Para Cristian, ser de San José y haber nacido en la Huasteca son motivos de orgullo. Le gustan la comida y el clima de su región, pero también aquello que durante el Xantolo llena las calles de música y color.
Algunos de sus amigos de la primaria también bailan, por lo que la celebración se convierte en una experiencia que comparte con otros niños de su edad.
A quienes todavía no conocen esta tradición, Cristian les hace una invitación sencilla: que bailen durante Xantolo porque, dice, “es muy divertido, muy feliz".
Mientras se acerca la fecha de volver a colocar los altares y recibir a quienes regresan simbólicamente a casa, Cristian prepara su máscara, recuerda los pasos que aprendió de sus tíos y se alista para bailar una vez más.
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