En Hidalgo, el maguey no es solo parte del paisaje: es memoria viva. De sus pencas, de su savia y de su fibra han dependido comunidades enteras durante generaciones.
Hoy, esa relación ancestral se abre a los visitantes a través de la Ruta de los Tinacales, una propuesta de turismo comunitario que apuesta por mostrar el pulque desde su origen y no desde la vitrina.
El proyecto, que comenzó en 2022, plantea un recorrido distinto, aquí no hay guiones rígidos ni experiencias prefabricadas. Quienes conducen la jornada no son guías turísticos tradicionales, sino tlachiqueros, cocineras y artesanos que comparten su día a día con quienes llegan hasta sus comunidades.
La ruta atraviesa municipios como Zempoala, Epazoyucan, Singuilucan y El Arenal, en pleno Altiplano hidalguense. Cada salida cambia, porque depende tanto del ciclo del maguey como de lo que las propias familias deciden mostrar.
El punto de partida suele ser el Foro Aguamiel, desde donde los grupos se trasladan hacia zonas semidesérticas donde el paisaje marca el ritmo.
Una experiencia que va más allá del pulque
Al llegar a los tinacales —los espacios donde se fermenta la bebida— el recorrido se vuelve práctico. Los visitantes observan cómo se extrae el aguamiel con acocote, conocen los tiempos de crecimiento del maguey y prueban el pulque en su estado más fresco, lejos de cualquier proceso industrial.
Pero la experiencia no se limita a la bebida. La ruta integra gastronomía local, talleres, expresiones artísticas y momentos de convivencia que permiten entender el contexto cultural que rodea al maguey.
No es casual: el objetivo es que el visitante deje de ser espectador y se convierta en invitado.

A diferencia de los circuitos turísticos masivos, este proyecto opera con grupos reducidos y salidas esporádicas, generalmente una vez al mes. Esto no solo mejora la experiencia, también garantiza que el beneficio económico llegue directamente a las comunidades, sin intermediarios.
Además, la iniciativa abre una ventana a las transformaciones actuales de esta tradición: desde nuevos destilados derivados del pulque hasta propuestas que incorporan biotecnología para preservar el aguamiel. Una señal de que la cultura pulquera no está congelada en el pasado.

Recomendaciones para vivir la ruta
Quienes decidan sumarse deben considerar que la jornada puede extenderse de 9:00 a 18:00 horas, con caminatas entre terrenos irregulares y exposición constante al clima cambiante del Altiplano.
Se recomienda usar calzado cerrado y resistente, ropa en capas para adaptarse a las variaciones de temperatura, así como protección solar: gorra o sombrero, lentes y bloqueador. También es indispensable llevar agua para mantenerse hidratado durante el recorrido.
Otro punto clave es portar efectivo, ya que en muchas comunidades no hay acceso a terminales bancarias. Esto permitirá adquirir productos locales como pan de pulque, artesanías o alimentos preparados directamente por los productores.
Dado que se trata de un proyecto comunitario de pequeña escala, los interesados deben estar atentos a sus redes sociales para conocer fechas y disponibilidad.
Más que un paseo, la Ruta de los Tinacales propone una inmersión en una de las tradiciones más representativas del centro del país. Una oportunidad para escuchar, probar y entender por qué el pulque sigue siendo, para muchos, la verdadera “bebida de los dioses”.
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