La música sinaloense retumbó en la capital francesa con la fuerza de un abrazo transatlántico. La Banda El Recodo, ícono de la música mexicana, cerró en París su gira europea ante un público diverso que convirtió la noche en una celebración de raíces, recuerdos y emociones compartidas. El concierto reunió a mexicanos, latinoamericanos y fanáticos de distintas nacionalidades que encontraron en la banda un puente hacia casa.
El público saltó, coreó y bailó desde los primeros acordes, en una velada donde la nostalgia se mezcló con la euforia. Para muchos, no fue solo un concierto: fue un reencuentro con su historia personal.
Una noche para volver a los orígenes
Tuvimos la oportunidad de platicar con asistentes como Miriam Roque de Santiago, originaria de Hermosillo, Sonora, quien vivió el concierto como un viaje al pasado.
“Crecí escuchando música de banda en las tardeadas y en las quinceañeras. Como estaba bien flaquita, me quebraban machín bailando”, recordó entre risas.
Aunque nunca había podido ver a El Recodo en México, la cita en París se volvió inolvidable:
“Cuando supe que venían, no podía perdérmelos. Bailé como nunca, me sentí como quinceañera otra vez. Con ‘El Toro Mambo’ hasta me hablaron para acercarme y seguir bailando más cerquita de ellos. Me la pasé fenomenal.”

Una japonesa con corazón mexicano
La internacionalización del público se hizo evidente cuando Sachiko Charrier, originaria de Japón, fue invitada a subir al escenario. Su historia sorprendió a los músicos y al público.
“No podía creer que me subieran. Yo, japonesa, sin origen mexicano, viviendo en Francia… y aun así con el corazón lleno de música latina desde que viví en México”, contó emocionada.
Relató cómo conoció la música de banda durante sus viajes por CDMX, León, Guanajuato, Chiapas, Veracruz y Mérida, hasta que finalmente trabajó en Cancún.
“Llevo tres años y medio en Francia, pero este concierto me recordó que todo lo vivido en México sigue latiendo en mí.”

Un reencuentro seguro y cercano
Para Paola Chávez Orozco, originaria de la Ciudad de México y residente en Francia desde hace doce años, el concierto tuvo un significado especial.
“Ya había ido a un concierto del Recodo en México, pero no lo disfruté como aquí: allá había demasiada gente, mucho borracho… incluso balazos”, confesó.
La experiencia parisina le permitió una cercanía inesperada:
“Aquí pude verlos de cerca, a solo unos pasos de mí. Cada canción me trajo recuerdos de mi país, de mi gente, de mi historia. Fue como volver a casa por un momento.”
Un homenaje desde el escenario
Una de las historias más emotivas de la noche fue la de Gaby González, una chica mexico-americana que pasó parte de su infancia en un ranchito cerca de Guadalajara. Para ella, la música de El Recodo está profundamente ligada a su padre, a quien llamaba “mi socio”.
“Marcó mis recuerdos y la relación con mi padre, un hombre trabajador y orgulloso de mis logros”, relató.
Tras mudarse a Londres, perdió a su padre repentinamente, y el concierto se convirtió en un puente directo hacia él. El momento más conmovedor ocurrió cuando Poncho Lizárraga grabó un mensaje de audio en homenaje a su padre, gesto que Gaby describe como un tributo a su historia familiar. Hoy honra su legado criando a sus dos hijos y reafirmando su identidad mexicana en el extranjero.

Un cierre de gira que dejó huella
Con París como escenario final, la Banda El Recodo demostró por qué sigue siendo “la madre de todas las bandas”. Su paso por Europa no solo llevó música, sino también historias de vida que encontraron eco en cada nota. Para muchos asistentes, la noche no fue solo un concierto: fue una reafirmación de identidad, un reencuentro con la memoria y una celebración que cruzó fronteras.
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