Durante décadas hablamos del bono demográfico como si fuera una herencia inagotable. La Encuesta Intercensal 2025 obliga a cambiar de conversación: México alcanzó 130.9 millones de habitantes, pero crece más despacio y envejece más rápido. La edad mediana llegó a 32 años. Entre 2020 y 2025, la proporción de personas de 60 años y más pasó de 12 a 14.7%; la de niñas y niños de 0 a 14 años cayó de 25.2 a 21.6%.
David E. Bloom, estudioso del dividendo demográfico, ha explicado que una población en edad de trabajar puede favorecer el crecimiento. La palabra decisiva es puede. Para convertir esa posibilidad en bienestar hacen falta salud, educación, inversión y empleos productivos. La edad de una nación no paga por sí sola las cuentas.
La señal más fuerte viene de la fecundidad: la tasa global pasó de 1.9 hijos por mujer en 2019 a 1.2 en 2024. Sería un error leerla como un mandato para que las familias tengan más hijos. Antes habría que preguntar si quienes desean formarlas encuentran vivienda, ingresos estables, servicios de cuidado y tiempo para vivir. La decisión pertenece a cada persona; crear condiciones dignas corresponde también a las instituciones.
En CONCANACO SERVYTUR vemos el cambio desde el mostrador. Los negocios familiares tendrán que atender nuevas necesidades de salud, alimentación, movilidad y cuidado. Al mismo tiempo, necesitarán personal capacitado, acceso a tecnología y una transición generacional que permita conservar lo construido por madres, padres y abuelos.
Hay una oportunidad económica en vivir más años, siempre que esos años se vivan mejor. También hay una obligación pública: preparar los sistemas de salud y pensiones con seriedad, sin convertir a las personas mayores en una cifra incómoda del presupuesto.
Por ello, la transición demográfica será uno de los temas de la Asamblea Nacional de Empresas y Negocios Familiares G32. Nos interesa llevar la discusión hasta los establecimientos y las comunidades: qué servicios harán falta, cómo se formará a los trabajadores y quién sostendrá los negocios cuando llegue el relevo generacional.
México todavía cuenta con una amplia población trabajadora. Precisamente por eso urge actuar. Cada joven sin formación, cada mujer excluida del empleo y cada negocio atrapado en la informalidad representan una oportunidad que no volverá en las mismas condiciones.
El futuro no se resolverá contando cuántos mexicanos seremos. Se decidirá por lo que hagamos hoy con quienes ya estamos aquí.
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