Tremendo revuelo ha causado en el país la probable modificación del calendario escolar de educación básica, para que los estudiantes concluyan su periodo lectivo el próximo 5 de junio y regresen en el mes de agosto.

De tomarse esa decisión, las infancias en edad escolar estarían casi tres meses en periodo vacacional, lo cual sorprendió a más de uno por las múltiples implicaciones que conlleva esta modificación. Por principio de cuentas, los padres de familia levantaron la voz porque ese lapso de tiempo parece demasiado.

No hay que ser experto en el tema para decir que fuera de la escuela los niños —en su mayoría— se alejan de las encomiendas académicas. Sus labores relacionadas con la escuela se reducen a su mínima expresión para encontrar entretenimiento y ocio en las plataformas digitales o en las redes sociales. Eso no parece viable ni saludable para aquellos que seguramente pasarán muchas horas frente a una pantalla tratando de ocupar el tiempo.

Pero, además, existe una economía en torno a las escuelas. Las personas que venden productos afuera de sus instalaciones, el transporte público que se dinamiza con los calendarios de la educación básica, las papelerías, cafeterías, en fin, una serie de prestadores de servicios y comerciantes que se verían afectados por este muy largo periodo de asueto.

No solo eso, y quizá la clave se encuentra aquí, la motivación para realizar este anuncio no se sostiene fácilmente. El hecho de señalar las altas temperaturas como principal causante de estos movimientos deja muchas dudas.

El enigma se cae por su propio peso. No estamos pasando por una etapa especialmente complicada por la temperatura —al menos no como en otras ocasiones—, de tal manera que el pretexto sonó poco convincente.

Quizá existen otras causas más allá del clima y del Mundial de Futbol, que coincide con las fechas que se destinaron al descanso escolar. Es probable que se quiera desactivar al magisterio, porque la última vez que tomaron las calles amenazaron con boicotear los eventos deportivos que se llevarán a cabo en el país.

Esa sí parece una razón de peso, pero difícilmente se puede socializar este tema porque se estaría actuando al calor de una amenaza que se podría resolver sin la necesidad de “secuestrar” a los estudiantes.

Si en realidad ese fue el motor de la medida, tendríamos que decir que falló la política, falló la negociación con los inconformes, fallaron las estrategias para que el gobierno pueda tener una justa mundialista con tranquilidad y serenidad.

De tal suerte que otros sectores, sindicatos y detractores del gobierno, en conjunto, pudieran tomar lo anterior como ejemplo para sacar ventaja en sus peticiones. La ecuación es sencilla: decir que van a impedir la realización de los juegos y con ello las autoridades se pondrán a “temblar”.

Aquella fragilidad, si la hay, manda pésimos mensajes porque a unos días de que inicie la competencia todos los riesgos tendrían que estar medidos. Si eso no se calculó, reitero, falló la política y fallaron las medidas de seguridad.

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