Enrique López

Se acabó el encanto

Al paso de los días se irá borrando este evento para regresar a nuestra complicada realidad nacional que también exige algo de optimismo

Enrique López

El día después de la derrota de México en el mundial amanecimos con un sabor de boca agridulce. La mayoría de los comentarios sostienen que la actuación de la escuadra nacional fue muy digna a pesar de la eliminación, que los jugadores dejaron todo en la cancha y no se les puede reclamar nada.

Algo de razón hay en esos argumentos, pero el sentimiento de desilusión es el mismo que en lo anteriores mundiales. Para los que acumulamos varias justas deportivas de esta naturaleza, nos sentimos nuevamente invadidos por la frustración de no llegar más lejos, justo ahora que todo estaba a favor.

Ya vendrán otras oportunidades y por supuesto que se alimentará el entusiasmo. Ese que en nuestra sociedad parece inagotable a pesar de nuestros antecedentes deportivos, ese que no entiende razones, ese que nunca se apaga.

Al paso de los días se irá borrando este evento para regresar a nuestra complicada realidad nacional que también exige algo de optimismo porque antes de la vorágine futbolística el panorama pintaba muy mal.

Ahí siguen los pendientes y hay que sacudirnos un poco la inercia del festín para darle cause a lo que se quedo en pausa unos días. Esos temas que se borraron de la agenda porque nadie pudo abstraerse del mundial.

Debo confesar que mis hijos (menores de edad) quedaron afectados después del resultado del pasado domingo. En las platicas familiares se había abordado aquel sentimiento de inferioridad que distinguía a los mexicanos en el pasado y se exploró la idea de que las nuevas generaciones ya no tenían tan marcada esta etiqueta.

Fueron charlas reconfortantes que pronto cobraron otro significado por la falta de resultados del momento. Pero creo que si se quedó una idea de competencia que no nos debe de abandonar. Al menos, ser dignos representantes de la disciplina deportiva, actividad, trabajo que sea.

Creo que los mexicanos si deberían de tener un reflejo en el futbol. Un deporte que se juega en todos lados y que exige mentalidad, habilidad y destreza como pocos. Los esfuerzos de ahora no deben ser en valde.

Se puede pensar y creer en grande en todas las actividades. Que no se vuelva excepción tener buenos resultados, que todos vean un rival difícil en esta raza azteca que no se rinde y que está hecha para cosas grandes.

Ojalá que sea la última vez que tenga esa charla con mis hijos. Que esos fantasmas de la derrota se disipen y no los influyan como a otros que nos hemos repuesto de varios descalabros. Ojalá que esos tiempos lleguen rápido para poder saborearlos. Por ahora solo nos queda esperar un poco.

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