El título de esta entrega hace alusión a un tema del grupo Maná que forma parte de su tercer disco lanzado en 1992. La icónica canción se convirtió en un famoso himno de protesta ecológica que cuestiona el impacto de la destrucción ambiental y la contaminación en el futuro de las nuevas generaciones.
Tomo esta referencia, para darle otro sentido al texto y dirigirlo al periodo vacacional de verano de las infancias que se encuentran en edad escolar. Lo cual, viene acompañado de un cuestionamiento similar al que hace referencia esta columna, pero con una pequeña variante.
La cuestión es ¿qué vamos a hacer con los niños? La pregunta no es menor porque las escuelas son lugares seguros que procuran un espacio de enseñanza-aprendizaje, pero también un lugar donde se puede tener otra serie de actividades formativas, deportivas y lúdicas.
Al encontrarse cerradas en este periodo, los padres de familia tienen que encontrar opciones para que los menores aprovechen el tiempo y tengan alguna actividad que ayude al sano desarrollo de sus capacidades y habilidades.
En este particular, el IMCO (Instituto Mexicano de la Competitividad) publicó un estudio muy interesante que cuestiona ¿Quién cuida a los niños en vacaciones? Y los resultados nos dejan una buena reflexión.
El texto referido inicia con una cifra espectacular, en México tenemos a 23.3 millones de niños y niñas que asisten a la educación básica; esto es, casi la mitad de la población total de Centroamérica. A ese universo nos estamos refiriendo.
Entonces, que se hace con ese núcleo de población cuando no acuden a las aulas. La respuesta es sencilla, pero conlleva un efecto importante en nuestra vida cotidiana. Porque en la práctica, la respuesta sigue siendo la misma de siempre: las familias y, dentro de ellas, principalmente las mujeres son las que se hacen cargo.
Muchas de ellas, recurren a redes familiares o de apoyo, otras pagan cursos de verano o servicios privados de cuidado. Quienes no cuentan con estas alternativas reducen su jornada laboral, solicitan permisos o abandonan temporalmente el mercado de trabajo con tal de brindar cuidados y acompañamiento a los infantes.
En este particular, los ingresos de muchas familias sufren una afectación. Es más, de manera indirecta, los concesionarios del transporte público también sufren una merma por la reducción de la movilidad hacia las escuelas, las papelerías, puestos de alimentos, en fin. Para todos ellos, este periodo vacacional también les juega en contra.
Pero lo destacado del estudio es que en los hogares mexicanos, y en particular, en las mujeres del continúa descansando la responsabilidad del cuidado de las infancias cuando no acuden a la escuela. Por tanto, la conclusión del citado documento recomienda tres políticas públicas que deben implementarse en el país.
Escuelas de tiempo completo, servicios de cuidado para la primera infancia y programas vacacionales accesibles. Éstos representan una inversión que permitirá liberar tiempo para tener un empleo, fortalecer la autonomía económica de las mujeres e impulsar la competitividad del país.
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