Enrique López

Al borde del colapso

Cuba enfrenta una crisis profunda ante la escasez de petróleo, en medio de tensiones geopolíticas que agravan su situación interna.

Enrique López
14/04/2026 |00:33
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En la vorágine internacional marcada por el conflicto bélico de Estados Unidos contra Irán, un caso se ha quedado perdido en una especie de limbo; se trata de Cuba, que lleva décadas sobreviviendo a un bloqueo económico que últimamente se recrudeció por la falta de petróleo que enviaba Venezuela.

En el actual concierto de las naciones, el país con mayores reservas petroleras del mundo, gobernado hasta hace poco por Nicolás Maduro, fue durante muchos años aliado de la isla caribeña no solo en lo político e ideológico, sino en lo financiero, apoyando al régimen heredado de Fidel Castro con hidrocarburo.

Sin embargo, el pasado mes de enero, Donald Trump decidió invadir el país latinoamericano y detener a Maduro bajo el argumento de que el mandatario era líder de un cartel de drogas y calificó la intervención como una lucha contra el narcotráfico en la región.

Esto trajo como consecuencia que el principal apoyo que recibía Cuba quedara anulado, porque la administración de Trump tomó control absoluto del petróleo. El daño colateral después de esta coyuntura se ha convertido en una crisis humanitaria en Cuba.

Esa joya del Caribe no tiene la posibilidad de movilidad y sus opciones económicas se reducen. Sus gasolineras están cerradas, la basura está en la calle (porque no pasa el camión recolector), no hay taxis, se reduce al mínimo el turismo, los cortes de energía se vuelven constantes, los pequeños comercios están cerrados, los alimentos se echan a perder porque no sirven los refrigeradores, en fin.

Lo que ocurre es muy complejo, pero por desgracia la atención global se concentra en Medio Oriente, donde el conflicto tampoco es menor. No obstante, regresando a nuestra región, la isla se encuentra al límite de su resistencia.

En este escenario, parecido a una válvula a punto de explotar, las personas a pie exigen un viraje político, un cambio de régimen, una sacudida dentro de la primera línea del poder, porque el discurso socialista parece agotado.

Resulta difícil pedir más sacrificios a quienes toda la vida han mantenido bajo sus hombros el sistema social que los aísla del eje rector de Norteamérica y que ahora —más que nunca— es indiferente con los cubanos.

En otras palabras, la confrontación entre el bloque socialista vs. capitalista, encabezada por Estados Unidos y Cuba, se había quedado al nivel de sus élites gobernantes, quienes en reiteradas ocasiones se confrontaron en diversas tribunas.

Pero lo que ocurre hoy rebasa aquella retórica. Ahora se trata de una cuestión humanitaria, porque la asfixia de la isla representa una guerra de baja intensidad donde la población civil se encuentra al borde de una vuelta sin retorno, conducida a la rebelión social.

Salvo el presidente Trump, nadie más apuesta por la desestabilización en Cuba. Esos posibles reacomodos políticos representan solo una victoria pírrica y a destiempo sobre ese bloque ideológico propio del siglo XX.

Lo que exige nuestra atención inmediata es la ayuda para el pueblo cubano, que dentro de este esquema ha sido relegado a una víctima colateral de los tumbos mundiales en torno a la guerra por el petróleo.

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