Stephany Espinosa

Que vuelvan a sonar

Una parte considerable del patrimonio sonoro permanece en estado de latencia, como si la historia hubiera decidido preservar la tinta, pero no el sonido

Stephany Espinosa
01/07/2026 |00:31
Stephany Espinosa
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Durante siglos, la memoria cultural de nuestras sociedades privilegió ciertas voces y relegó muchas otras al olvido. En ese proceso, innumerables mujeres creadoras quedaron fuera de los relatos oficiales, no porque sus obras carecieran de calidad o trascendencia, sino porque los mecanismos de conservación, publicación y difusión respondieron a estructuras que limitaron su presencia en la vida pública. Cada nombre recuperado constituye, por ello, mucho más que un hallazgo documental: representa una restitución histórica.

En el ámbito musical, este fenómeno resulta especialmente evidente. Los archivos conservan partituras que nunca llegaron a los escenarios; los manuscritos sobreviven en bibliotecas o colecciones particulares mientras el repertorio de conciertos continúa dominado por autores ampliamente conocidos. Así, una parte considerable del patrimonio sonoro permanece en estado de latencia, como si la historia hubiera decidido preservar la tinta, pero no el sonido.

La música, sin embargo, posee una naturaleza distinta a la de otros bienes patrimoniales. Una pintura continúa existiendo, aunque nadie la contemple; un edificio permanece en pie incluso sin visitantes. Una partitura, en cambio, necesita intérpretes para cobrar vida, sin ejecución no existe experiencia musical, únicamente un testimonio escrito de aquello que alguna vez pudo escucharse. La recuperación del patrimonio musical exige, por tanto, investigación rigurosa, interpretación artística y difusión pública. Sin estos tres elementos, la memoria permanece incompleta.

En México, esa labor encuentra un ejemplo notable en la pianista Lorena Olvera, quien ha dedicado una parte sustancial de su trayectoria al estudio, rescate e interpretación de compositoras mexicanas del siglo XIX. Su trabajo trasciende la búsqueda archivística, cada concierto, cada conferencia y cada interpretación transforman documentos históricos en una experiencia viva que devuelve estas obras al espacio para el cual fueron concebidas: el oído del público.

Entre las creadoras que han vuelto a escucharse gracias a su esfuerzo destaca María Garfias (1849-1918), destacada pianista, compositora y directora de orquesta mexicana, considerada una de las figuras femeninas más sobresalientes de la música nacional del siglo XIX. Niña prodigio, debutó a los trece años como intérprete y compositora en el antiguo Teatro Nacional y, en 1867, se convirtió en la primera mujer en dirigir una orquesta en México al presentar su Marcha Republicana.

El patrimonio inmaterial necesita circulación para mantenerse vigente. Una partitura guardada en un archivo permanece preservada, pero no necesariamente viva. La verdadera conservación ocurre cuando alguien vuelve a interpretarla, cuando el público puede escucharla y cuando esa experiencia genera nuevas investigaciones, nuevas ejecuciones y nuevas preguntas. Por ello, el trabajo de intérpretes como Lorena Olvera adquiere un valor que rebasa el ámbito artístico. La investigación resulta indispensable, sí, pero alcanza su verdadero sentido cuando el conocimiento llega a la sociedad, porque la historia no solo necesita recuperar nombres, también necesita devolverles la voz.

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