Stephany Espinosa

Las influencers sin red

“Es así, que a pesar de las viscicitudes, la voz femenina ha encontrado caminos para circular y persuadir en cada época”…

Stephany Espinosa
18/02/2026 |01:10
Stephany Espinosa
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En México, la figura de la “influencer” no nació con el teléfono inteligente, ni con las plataformas digitales. Mucho antes existieron mujeres cuya palabra moldeó la opinión pública mediante cartas, tertulias, rumores de plaza y consejos. Sin algoritmos, pero con redes de sociabilidad, imprentas y oídos atentos, diversas voces femeninas influyeron en debates políticos y culturales a lo largo de la historia nacional.

Durante el virreinato, esa autoridad simbólica se proyectó desde el convento y la casa letrada. Sor Juana Inés de la Cruz intervino en la esfera pública del siglo XVII con textos que influyeron en discusiones sobre lenguaje, literatura, educación femenina y crítica intelectual y teológica, demostrando que una mujer podía participar en debates eruditos y alcanzar notoriedad por medio de la escritura.

A fines del siglo XVIII y principios del XIX, la circulación de información insurgente dependió de redes personales: Josefa Ortiz de Domínguez actuó como nodo clave en Querétaro, pues sus avisos permitieron difundir noticias y decisiones estratégicas; el mensaje que alertó a los conspiradores formó parte de una red de comunicación sostenida por confianza, visitas y mensajeros. Mientras tanto, María Ignacia Rodríguez de Velasco, la “Güera Rodríguez”, utilizó su influencia social y de sus recursos económicos, además de su cercanía con autoridades virreinales, militares e insurgentes, para incidir en la conversación política que favoreció la consumación de la independencia. Asimismo, Leona Vicario integró la red secreta de “Los Guadalupes”, desde la cual aportó recursos, difundió noticias y colaboró con periódicos insurgentes, evidenciando el peso de la información y el financiamiento en la formación de la opinión política.

En el Porfiriato y el siglo XX, revistas, escuelas, radio, cine y prensa ampliaron estos canales: maestras, locutoras, actrices y cronistas llevaron lecturas y discursos a públicos más amplios, mientras el sufragismo utilizó mítines, hojas volantes y artículos para persuadir a la sociedad.

En salones, mercados, conventos y hogares, la conversación y la correspondencia sostuvieron redes de información que permitieron comentar noticias, evaluar decisiones y construir opiniones. Estas prácticas configuraron una esfera pública paralela basada en vínculos de confianza y transmisión oral y escrita.

La influencia no dependió de la visibilidad masiva, sino de la capacidad de articular redes y de convertir la experiencia en relato persuasivo. Así, mucho antes de las redes sociales digitales, la voz de las mujeres encontró caminos para circular, convencer y dejar huella en la vida pública.

La etiqueta “influencer” es reciente, pero la práctica posee larga duración: la opinión pública no nació con el botón de “seguir”, sino en comunidades de escucha donde, pese a los límites de cada época, la voz femenina encontró caminos para circular y persuadir.

Es así que, a pesar de las vicisitudes, la voz femenina ha encontrado caminos para circular y persuadir en cada época…

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