Stephany Espinosa

El dolor como sujeto histórico

Stephany Espinosa
09/09/2026 |00:24
Stephany Espinosa
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El dolor tiene un componente físico, sensorial y emocional, pero también una dimensión cultural, no solo se experimenta, también se explica a partir de los conocimientos y creencias disponibles en cada época, por lo que sus significados, sus formas de expresión y las respuestas que provoca cambian según el contexto histórico y la cosmovisión que cada sociedad construye acerca de él.

El dolor posee una historia.

El filósofo e historiador Javier Moscoso sostiene que el dolor es una experiencia culturalmente mediada y que sus formas de comprensión dependen de valores, enseñanzas y expectativas sociales.

¿Qué parte de aquello que sentimos frente al dolor pertenece a nuestro cuerpo y qué parte aprendimos de nuestra cultura?

Una herida, por ejemplo, puede ser universal, pero no lo es necesariamente la manera de interpretarla, según cada contexto cultural donde se manifieste, puede significar dolor, sacrificio, vergüenza, heroísmo, penitencia o incluso santidad.

A lo largo de los siglos, el dolor ha sido exaltado por la religión, disciplinado por la moral, observado por la medicina y utilizado por las instituciones políticas y jurídicas.

La penitencia convirtió el sufrimiento en una práctica de expiación, mientras que el martirio lo transformó en testimonio de fe; la medicina procuró convertirlo en un fenómeno susceptible de diagnóstico y tratamiento; mientras que el poder político, en sus múltiples manifestaciones, utilizó el castigo corporal en una herramienta de control y autoridad.

La historia del arte ofrece algunos ejemplos. En las representaciones medievales de las vírgenes mártires, el cuerpo femenino aparece sometido a tormentos terribles, pero el rostro puede conservar una serenidad casi sobrenatural. El sufrimiento no siempre debía aparecer como grito o desesperación: la ausencia de una expresión extrema podía comunicar precisamente la virtud, la fe y la aceptación del martirio. Una pintura, por tanto, no solo representaba un cuerpo herido, enseñaba cómo debía interpretarse ese sufrimiento.

El dolor, visto desde la historia cultural, es un fenómeno social capaz de revelar las ideas, valores, temores y conocimientos de cada época. Está experiencia-sensación, cuya interpretación nunca ha permanecido fija, no solo se padece: también se comunica, se interpreta y adquiere sentido dentro de una cultura, la cual, busca darle un significado, explicar su origen y establecer qué hacer frente a él.

Comprender que no existe una sola manera de sentir, explicar y representar el dolor, nos permite fijar nuestra vista en otra historia que merece la misma atención: la historia de cómo hemos intentado evitarlo o controlarlo. Frente a cada forma de dolor, surgió también el deseo de aliviarlo: medicina, plegarias, rituales, herbolaria, música, danza, comida, lecturas, etc.

El dolor constituye un territorio privilegiado para comprender a las sociedades: permite observar qué temen, qué soportan, qué condenan, qué consideran digno de compasión, e incluso, qué prefieren mantener u ocultar.

“¿Qué parte de aquello que sentimos frente al dolor pertenece a nuestro cuerpo y qué parte aprendimos de nuestra cultura?”…

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