En México, la historia reciente ha colocado a miles de mujeres en un lugar que jamás imaginaron ocupar: el de buscadoras. Son madres, hermanas o esposas que, ante la desaparición de un ser querido y la incapacidad del Estado para encontrarlo, han decidido salir a buscar con sus propias manos.
La historia contemporánea de México no puede entenderse sin una de sus tragedias más profundas: la desaparición de personas. Desde finales del siglo XX y, con mayor intensidad en las primeras décadas del siglo XXI, miles de familias han tenido que enfrentar no sólo la ausencia de un ser querido, sino también la indiferencia institucional que muchas veces acompaña a estos casos. En ese contexto surgió una figura que hoy forma parte de la memoria social del país: las madres buscadoras, mujeres que transformaron el dolor en acción y la ausencia en una lucha colectiva.
El asesinato de Rubí Patricia Gómez-Tagle, integrante del colectivo “Corazones Unidos por una Noble Causa”, no es únicamente un hecho violento aislado. Se inscribe en una historia más amplia, marcada por la persistencia de la desaparición forzada y por la resistencia de las familias que, ante la falta de respuestas, han decidido salir a buscar por cuenta propia.
Para comprender esta realidad es necesario mirar hacia atrás. Durante la llamada “Guerra sucia” en México, entre las décadas de 1970 y 1980, decenas de opositores políticos fueron desaparecidos por el Estado. En ese momento comenzaron a surgir las primeras organizaciones de familiares que exigían verdad y justicia, como el “Comité Eureka”, integrado en gran medida por madres que se negaron a aceptar el silencio oficial. Aquellas mujeres sentaron un precedente histórico: demostraron que la búsqueda de los desaparecidos también podía convertirse en un movimiento social.
Décadas después, apartir de la estrategia de seguridad implementada en 2006 contra el crimen organizado, México experimentó un incremento dramático de la violencia. Con ella creció también el número de personas desaparecidas. Ante la incapacidad institucional para localizar a las víctimas, surgieron colectivos de búsqueda en distintos estados del país; muchas de estas organizaciones están encabezadas por mujeres.
En este proceso histórico, las madres buscadoras han desarrollado un papel fundamental, han aprendido técnicas de rastreo, han organizado brigadas de búsqueda y han documentado casos que, de otra forma, habrían quedado en el olvido. Sin embargo, su labor no ha estado exenta de riesgos.
A lo largo de los últimos años, varias madres buscadoras han sido asesinadas o amenazadas mientras intentaban encontrar a sus familiares y, desafortunadamente, el caso de Rubí Patricia Gómez-Tagle se suma a esta historia, como muchas otras mujeres en México, que mueren sin haber encontrado a sus seres queridos.
Su asesinato, ocurrido en medio del mes en que se conmemoran las luchas de las mujeres, pone de relieve una contradicción profunda en la sociedad mexicana. Mientras el discurso público reconoce la importancia de la igualdad y la justicia, muchas mujeres que encabezan luchas sociales continúan enfrentando contextos de riesgo extremo.
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