A casi un mes de la guerra registrada en Medio Oriente, la situación parece complicarse cada vez más para el presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

Acostumbrados a los discursos del mandatario estadounidense, no era raro suponer que aquellas promesas de que la guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán no se cumplirían.

Se decía que la guerra terminaría en menos de una semana, luego de los ataques aéreos norteamericanos; sin embargo, se ha prolongado y ha dejado, además de un derramamiento de sangre, una crisis económica que amenaza con tener un impacto mundial.

La respuesta militar de Irán, un país que se preparó durante muchos años para la guerra, ha dejado, con sus ataques de misiles y drones de bajo costo, una gran destrucción en las principales ciudades de Israel y sus vecinos aliados.

Por primera vez en siglos, las ciudades santas no serán abiertas al público para los festejos de la Semana Santa debido a los constantes bombardeos iraníes. Además, el costo económico de la guerra ha sido devastador para la economía de Estados Unidos, pues los gastos en armamento utilizado y el despliegue de barcos y aviones en Medio Oriente han provocado que el Congreso deba aumentar el presupuesto militar, lo cual conlleva una presión económica para el país.

Sin embargo, la acción que más preocupa a Estados Unidos y al mundo en general es el bloqueo del estrecho de Ormuz, un paso marítimo por donde transita cerca de una quinta parte del petróleo mundial y del gas natural licuado.

Con ello, la guerra ha pasado de ser un conflicto militar a convertirse en un conflicto económico que tiene repercusiones en muchos países, pues los precios del petróleo se han disparado y la escasez ya se percibe.

Los precios del barril de crudo, que hace unos meses oscilaban en torno a los 60 dólares, ahora alcanzan casi 120 dólares debido a la carestía. Esto empieza a tener repercusiones, pues muchos países están agotando sus reservas de combustible y se calcula que, en un mes o menos, algunas naciones sufran crisis energéticas.

Para México, esto pudiera parecer ventajoso por ser tradicionalmente una nación productora de petróleo; sin embargo, el aumento del costo del barril de crudo, a la larga, puede ser perjudicial. Aunque habría un incremento en las ganancias por la venta de alrededor de 580 mil barriles diarios de crudo, el problema radica en que el país también importa de Estados Unidos cerca de 400 mil barriles diarios de combustibles refinados y más de 6 mil millones de pies cúbicos diarios de gas natural, con costos más elevados que, a la larga, golpearán la economía nacional.

Aunque el gobierno mexicano ha garantizado que los precios de las gasolinas se mantendrán, este repunte puede afectar la economía nacional. Habrá que ver cuántos días o meses se prolonga la guerra.

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