Bonfilio Salazar Mendoza

¡Hombre Mosca llega a Pachuca!

Bonfilio Salazar

Cuando se busca información de los acontecimientos en Pachuca de los años pasados hay que acudir obligadamente a los archivos de los artículos de Anselmo Estrada Alburquerque.

Cuidadoso en su redacción y en un correcto español también su crítica era muy fina, hoy para recordar a Chemo en un Aniversario más de su ausencia †, hablaremos de la llegada a Pachuca de los “hombres mosca”.

En la revista CRÓNICAS, que fuera editada por Anselmo para la Feria de San Francisco en 1983, aparece una reseña escrita por Francisco Alburquerque sobre las escaladas a la Torre del Reloj Monumental de varios “hombres mosca”, dicho artículo fue ilustrado con las fotografías de los escalamientos de 1922 y 1923, del archivo del señor Onofre Azpeitia, quien gentilmente las prestó para ilustrar la publicación.

En el artículo podemos leer: “Valiéndose solamente de la fuerza de los dedos, del poder de los brazos, de la firmeza de las piernas y con un férreo control de la mente para vencer el vértigo de la altura, los escaladores profesionales de monumentos, a los que el pueblo denominó “hombres mosca”, hicieron su aparición en Pachuca a partir de la década de 1920-1930.

Durante esa época, los pachuqueños vieron cómo los hombres mosca ascendían los diversos niveles de la Torre de la Independencia. Fueron espectaculares las escaladas de los norteamericanos y un alemán, según consta en los Anales escritos por don Teodomiro Manzano.

De acuerdo con las breves reseñas aportadas por el historiador hidalguense, en noviembre de 1922, martes 26,, “llega a Pachuca el hombre mosca que días después hizo varias ascensiones a la “Torre de la Independencia”.

Foto:Especial

En abril de 1923, un domingo, día 22, se escribió: “El hombre mosca mexicano (el otro era mosca yanqui) sube a la torre de la Independencia. A este hombre chinche no le ocurrió imitar algo bueno de lo mucho que tienen los yanquis, sino (solo) treparse a las torres. Como el otro no quiso subir a la chimenea de la mina Rosario…”

Durante los años 1940 y 1950, también hubo ascensiones de hombres mosca, las personas que los presenciaron relataron: …”La gente se reunía unas veces frente a la cara oeste, o la oriente. Observaban detenidamente cómo el hombre mosca hacía calentamiento de músculos. Enfundado en una malla de color blanco, o de color negro, iniciaba el ascenso.

La primera parte, aparentemente era fácil. Lograba vencer la cornisa del primer cuerpo del Reloj, y llegar al balcón. De allí se aferraba a la pilastra. El primer tramo, completamente liso, le costaba mucho trabajo, Al llegar a las molduras de la pilastra, prácticamente se pegaba a la cantera. Con las dos piernas, como tenazas, se afianzaba en la columna; después estiraba la mano izquierda para asegurarse, y luego lanzaba la mano derecha hacia arriba para impulsar el cuerpo, poco a poco. Así como si tuviera ventosas en el abdomen, el hombre mosca ascendía dificultosamente hasta el arquitrabe, se aferraba a las molduras, y hacía la vencida, con el cuerpo colgando en el vacío, para subir a la cornisa del tercer cuerpo donde está el frontón.

La ascensión por el tercer cuerpo, la más larga, era en extremo difícil. La misma rutina: apretar las piernas en la pilastra, e ir, encogiéndose, hacia arriba, por los canales de la columna, hasta llegar a las volutas del capitel, a un lado de las carátulas.

Cuando el hombre mosca lograba erguirse, parado sobre los adornos de las volutas -a mitad de las carátulas- para colocar las manos (como garfios) en la tercera cornisa, el espectáculo era sorprendente: quedaba colgado de las manos; hacía el último esfuerzo para vencer el desplome y, de repente, se soltaba una mano, quedaba colgado con una, mientras la gente, por decenas, lanzaba exclamaciones de horror, pues suponía que el hombre mosca estaba a punto de caer.

Pero al fin espectáculo, el hombre mosca volvía a levantar la mano suelta hacia la cornisa, hacía la vencida, levantaba la pierna derecha y se ponía en cuclillas.

El hombre mosca caminaba la última cornisa; llegaba a una de las acóteras, saludaba al público y, después ¡se paraba de cabeza…! sobre la misma acótera: con la punta de los pies apuntando hacia el cielo…

La última parte, la cúpula no era escalada. El hombre mosca se introducía por una de las ventanas de la cúpula, volvía a salir por la punta, donde estaba la canastilla, se izaba a media asta bandera, y hacía la figura gimnástica de la bandera: los brazos apoyados sobre la barra, y el cuerpo y los pies extendidos en forma horizontal.

El público, abajo, aplaudía, y lanzaba vivas al hombre mosca. En tanto, los parientes o amigos del escalador recogían las donaciones que los espectadores depositaban en sombreros...”

Ya no hay hombres mosca en Pachuca, pero queda esta crónica como recuerdo de aquellas escaladas como parte de la historia de la Torre Monumental del Reloj de Pachuca.

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