El pueblo sabio lo advierte desde generaciones: viernes 13, ni te cases ni te embarques. Y aunque algunos lo llamen superstición, la experiencia colectiva dice que más de uno hubiera agradecido hacerle caso, porque no todo lo que llega al altar merece anillo… ni misa.
Mientras el 14 de febrero vende amor con moñito, el 13 se planta firme y celebra la soltería sin culpa, esa que no aguanta desplantes, celos ni relaciones donde hay más drama que cariño. La neta, mejor en soltería que con la toxicidad al lado.
Hoy muchos ya no creen que el matrimonio sea la meta obligatoria. Cada vez más personas prefieren la unión libre o el concubinato antes que firmar un papel que no garantiza respeto ni felicidad. Los datos lo respaldan: los matrimonios bajan, los divorcios suben y la gente ya no se casa “por si acaso”; cuando mucho, “si vale la pena”.
La Generación Z y los millennials lo tienen claro. ¿Por qué no se casan o lo postergan? Ahí les va: no quieren repetir los pleitos que vieron en casa, saben que el amor no paga rentas ni deudas, prefieren estabilidad emocional antes que cumplir expectativas ajenas, y entienden que el “para siempre” no se decreta, se construye.
Como decía Octavio Paz: “Amar es elegir, no poseer”, y elegir también significa decir que no; como mi prima, que en pleno altar soltó el legendario: “Perdónenme todos… no acepto”. Escándalo para la familia, alivio para su futuro: mejor cancelar una boda que cancelar la vida entera por quedar bien.
Eso sí, hay que decirlo todo: mientras los jóvenes deciden no casarse, la generación de ayer, que se amarró por costumbre, presión o miedo, hoy le da vuelo a la hilacha con una soltería tardía y reprimida; divorciados redescubriendo la vida, viudos estrenando libertad, y casados frustrados preguntándose: “¿y si no me hubiera casado?”. Nunca es tarde… pero qué diferente es elegir a tiempo.
La música ya lo advertía: José José lo cantó sin anestesia: “Amar y querer no es igual…”, y el albur fino lo remata: más vale solo que mal montado, porque cuando no hay química, ni empujando entra la felicidad.
Así que este viernes 13 no se celebre la ausencia de pareja, sino la presencia de criterio: no te cases por presión, no te embarques por miedo y no te quedes donde ya no eres feliz. El amor sano llega sin cadenas, sin gritos y sin toxicidad.
Mientras tanto, salud por los solteros, los conscientes, los que viven en unión libre por convicción y los que entendieron que la paz no se firma ante el juez; se vive todos los días. El barrio lo sabe, el pueblo lo repite y la experiencia lo confirma: mejor elegir bien que lamentar toda la vida. El verdadero compromiso no es con otra persona, es con la propia paz. Y sí, que viva el amor, pero que viva sin toxicidad.
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