En Pachuca, la bella airosa, el viento vuelve a tener cita con la historia, por segundo año consecutivo, tres banderas monumentales ondearán al mismo tiempo, como tres novias del viento que se reconocen, se buscan y se acompañan desde los cerros y el corazón de la ciudad.
Esta no es una ocurrencia, un acto político o un evento de escritorio; es trabajo coordinado por la Contraloría, se construye con la participación activa de vecinas y vecinos de los barrios, autoridades, voluntarios y cuerpos de honor, unidos por una convicción sencilla y profunda: la bandera nos pertenece a todos.
Del viernes 20 al viernes 27 de febrero, durante una semana completa, las banderas permanecerán izadas, ondeando día y noche en los vientos de Pachuca; en el marco del 24 de febrero, Día de la Bandera Nacional, será una experiencia compartida, una semana para mirar al cielo y reconocernos en el tricolor.
La primera bandera, la del barrio, volverá a alzarse en lo alto del cerro de San Cristóbal, ahí donde el cerrito y la mina del Cuixi, águila en náhuatl, recuerdan que desde siempre este lugar mira de frente a la ciudad; el mástil, erigido en 1953, es memoria viva de generaciones que entendieron que la patria también se cuida desde el barrio. Hoy, con la participación organizada de la comunidad y el acompañamiento institucional, la bandera vuelve a ondear como símbolo de pertenencia y orgullo.
La segunda bandera se eleva en el cerro de Las Lajas, el cerro del Lobo, otro punto donde la ciudad dialoga con el horizonte; el esfuerzo conjunto de vecinos y autoridades permite rescatar un asta monumental y un espacio que vuelve a ser punto de encuentro, identidad y vigilancia comunitaria.
La tercera bandera, en la plaza Juárez, corazón cívico de Pachuca, completa la imagen. Desde este punto, será posible ver las tres banderas ondeando al mismo tiempo, un momento que conmueve, eriza la piel y recuerda que no hay mayor símbolo de identidad para los mexicanos que el respeto y el amor a nuestro lábaro patrio.
A estas ceremonias acudirán estudiantes, familias, habitantes de los barrios y autoridades, no como espectadores, sino como protagonistas de un acto cívico que se construye desde abajo y se coordina con responsabilidad institucional. Las banderas, cuidadosamente dobladas, resguardadas y tratadas con dignidad, subirán a lo alto gracias a un trabajo ordenado, respetuoso y profundamente comunitario.
En Pachuca, cada asta cuenta una historia: la de San Cristóbal habla del barrio y de la memoria; la del cerro del Lobo, de la recuperación y el cuidado colectivo; y la de plaza Juárez, de la vida cívica que nos reúne como ciudad.
El Día de la Bandera, que conmemora el Plan de Iguala de 1821, se celebra solo con actos que unen, y ver al tricolor ondear durante una semana completa en distintos puntos de la ciudad es recordar que la patria no se impone: se comparte.
En los barrios hay bandera, hay historia y hay corazón; es una realidad visible desde lo alto. La raza del barrio tiene su propio “mexicanos al grito de guerra”, ondea al viento y da sentido de pertenencia y orgullo a su gente.
Que estas banderas no solo flameen en los cerros y las plazas, sino también en los ojos del alma. Que el verde, blanco y rojo nos recuerden que Pachuca es comunidad, memoria y futuro; al verlas alzarse juntas, se sienta como ciudad que retiemble en sus centros la tierra, pero de orgullo, identidad y amor por nuestra patria.
Porque cuando se levanta en el mástil nuestra bandera, no solo sube un lienzo; late un corazón colectivo llamado Pachuca.
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