Álvaro Bardales

Que viajen los datos, no el pueblo

La digitalización de trámites en Hidalgo avanza como parte de una estrategia para modernizar la administración pública y reducir la burocracia.

Álvaro Bardales
15/05/2026 |00:27
Alvaro Bardales
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Durante décadas, la gente se acostumbró a una rutina absurda: para cualquier trámite había que trasladarse; ir a la presidencia municipal, luego a Pachuca, a deambular por varias oficinas dispersas en toda la ciudad. Luego regresar porque faltaba una firma, luego volver porque “el sistema no servía”.

La burocracia se convirtió en una especie de castigo cotidiano para el ciudadano. Una de las transformaciones más importantes que puede lograr un gobierno moderno no es solamente construir carreteras o edificios, es lograr algo más profundo: que viajen los datos… y no las personas.

Puede sonar simple, pero cambia completamente la relación entre gobierno y ciudadanía. Los países más avanzados entendieron esto hace años. Estonia prácticamente digitalizó todos sus servicios públicos. En Singapur, las dependencias comparten información para evitar que el ciudadano entregue veinte veces el mismo documento. La lógica es sencilla: si el gobierno ya tiene el dato, no tiene por qué hacer sufrir a la gente.

México apenas empieza esa transición con la nueva política nacional de simplificación administrativa y digitalización de trámites. Y en ese contexto, Hidalgo decidió no quedarse atrás.

Ahí es donde aparece uno de los proyectos más importantes del sexenio del gobernador Julio Menchaca: el Complejo Hidalgo Honesto.

Y sí, hay que decirlo con claridad: no es solamente un conjunto de edificios nuevos, es una nueva filosofía de control gubernamental y combate a la corrupción.

Durante años, las áreas encargadas de supervisar obras, revisar recursos públicos, integrar expedientes y sancionar irregularidades operaban dispersas en distintos inmuebles arrendados. Oficinas separadas, archivos fragmentados, sistemas desconectados y servidores públicos obligados a trasladarse físicamente para compartir información.

Era lento, caro e ineficiente. Hoy, más de 400 servidores públicos especializados trabajan integrados en un solo complejo tecnológico donde ingenieros, arquitectos, contadores, auditores y abogados pueden cruzar información en tiempo real. Los contratos, las obras, los proveedores, los presupuestos y las auditorías empiezan a convivir en plataformas digitales interconectadas.

Eso cambia todo, porque combatir la corrupción ya no depende solamente de revisar papeles meses después, ahora es posible detectar riesgos, inconsistencias o anomalías prácticamente en tiempo real.

El modelo tradicional de control perseguía el daño cuando ya estaba hecho; el nuevo modelo busca prevenirlo antes de que ocurra. Y eso sí es transformación. Además, el Complejo Hidalgo Honesto tiene otro enorme acierto: acerca el gobierno a la ciudadanía. Hidalgo tiene 84 municipios y casi 5 mil comunidades. Pretender que toda persona viaje kilómetros para conocer información pública o dar seguimiento a trámites simplemente ya no es viable.

La tecnología permite que muchas cosas puedan hacerse desde un teléfono celular: consultar información, vigilar obras, revisar procesos o acceder a plataformas digitales sin abandonar la comunidad. Ese es el verdadero sentido del gobierno digital: simplificarle la vida al ciudadano.

Porque la modernización no consiste en llenar oficinas de computadoras, consiste en reducirle vueltas, gastos y tiempo a la gente. Y además hay algo todavía más importante: la transparencia.

Cuando la información está conectada, también es más difícil esconderla. El Complejo Hidalgo Honesto representa ahorro por dejar de pagar múltiples rentas o concentrar servicios técnicos, y la construcción de un nuevo modelo de gobierno donde el control deja de estar disperso y comienza a funcionar como un sistema integrado.

Un modelo donde los datos viajan más rápido que la corrupción. Claro que falta camino por recorrer: la brecha digital todavía existe en muchas regiones, pero Hidalgo ya entendió hacia dónde debe caminar el servicio público del futuro.

Menos papel, burocracia, menos vueltas inútiles; más tecnología, más transparencia, más control.

Que viajen los datos… y no el pueblo.

Ahí está una de las transformaciones más silenciosas, pero también más profundas, del gobierno de Julio Menchaca.

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