Cuando se habla de combate a la corrupción, pocas veces se piensa en las universidades autónomas. Sin embargo, mientras miles de jóvenes estudiantes asisten a clases, investigadores desarrollan proyectos y las instituciones administran presupuestos públicos cada vez más complejos, existe un ejército silencioso que trabaja para garantizar que los recursos se ejerzan correctamente: los órganos internos de control universitarios.
La reciente LXIV Asamblea General Ordinaria de la Asociación Mexicana de Órganos de Control y Vigilancia en Instituciones de Educación Superior (AMOCVIES), celebrada en Hidalgo, dejó un mensaje claro: los contralores universitarios están vivos, activos y trabajan coordinadamente con el Sistema Nacional de Fiscalización y la propia Contraloría estatal para fortalecer la transparencia y la rendición de cuentas en las universidades públicas del país.
Durante varios días, 29 titulares de órganos internos de control compartieron experiencias, analizaron riesgos, construyeron redes de colaboración y debatieron los nuevos desafíos que enfrenta la educación superior. Porque la fiscalización moderna ya no consiste únicamente en revisar facturas o señalar errores administrativos. Hoy significa prevenir riesgos, mejorar procesos y generar confianza en las instituciones.
Las universidades administran recursos públicos, pero también administran algo todavía más valioso: el futuro de la semilla de México. Por eso la sociedad tiene derecho a exigir transparencia, pero también a reconocer el trabajo de quienes vigilan que las cosas se hagan bien.
La discusión no fue menor; se habló de derechos humanos, perspectiva de género, protección de datos personales y, sobre todo, de inteligencia artificial. La tecnología está transformando la forma de enseñar, investigar y administrar, pero también abre nuevos riesgos, de ahí la importancia de que la ética y la integridad acompañen cada avance tecnológico. La inteligencia artificial puede ser una gran aliada, siempre que el ser humano conserve el control de las decisiones.
Otro tema central fue el nuevo modelo de transparencia; en tiempos donde la ciudadanía exige información inmediata y gobiernos más abiertos, las universidades están obligadas a fortalecer sus mecanismos de acceso a la información y rendición de cuentas.
Desde el barrio, vale la pena reconocer que la autonomía universitaria no significa ausencia de vigilancia. Por el contrario, una universidad fuerte es aquella que se supervisa a sí misma, corrige sus errores y rinde cuentas a la sociedad. Eso fue precisamente lo que se vio en Hidalgo: universidades trabajando juntas para ser mejores.
Porque donde hay educación, hay confianza, y donde hay recursos públicos, debe existir vigilancia. Esa es la verdadera enseñanza que dejó la reunión nacional de los contralores universitarios de la mano de la Contraloría estatal, siempre presente.
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