Álvaro Bardales

La nueva generación ya está en el juego

Álvaro Bardales
03/07/2026 |00:27
Alvaro Bardales
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Hay momentos en los que un país recupera la esperanza sin darse cuenta, esto ocurre con la Selección Mexicana, durante años nos preguntamos cuándo aparecería una nueva generación capaz de competir sin complejos; hoy esa ilusión tiene nombres y apellidos: Gil Mora, Vargas y Chávez. Jóvenes que, con su talento y personalidad, comienzan a escribir una nueva historia con la camiseta nacional, nadie les regaló ese lugar; se lo ganaron con trabajo, disciplina y resultados.

Mientras veía jugar a estos muchachos pensé que algo muy parecido está ocurre en otro terreno, mucho menos visible, pero igual de importante para el futuro de México.

Hace unos días leí el ensayo ganador del Parlamento Juvenil del Instituto Mexicano de Contadores Públicos, sus autores son universitarios que hicieron algo diferente: en lugar de repetir el discurso de siempre sobre la corrupción, propusieron una solución para combatirla: utilizar Inteligencia Artificial.

Y entonces entendí que la noticia no era únicamente la tecnología, la noticia era la juventud.

Así como el fútbol necesita piernas jóvenes para volver a ilusionar a México, el servicio público necesita mentes jóvenes para recuperar la confianza de la ciudadanía, unos defienden una portería; otros defenderán el dinero de todos, ambos juegan el mismo partido: demostrar que una nueva generación puede hacer mejor las cosas.

Durante décadas combatimos la corrupción al revisar expedientes cuando el dinero ya se lo habían volado. Llegábamos tarde. Los jóvenes del Parlamento Juvenil proponen cambiar esa lógica, utilizar la Inteligencia Artificial para revisar millones de datos en segundos, detectar anomalías, identificar riesgos y prevenir irregularidades antes de que el daño ocurra.

Eso ya no pertenece al futuro, pertenece al presente, pero la Inteligencia Artificial, por sí sola, no resolverá nada; la tecnología nunca sustituirá la ética, el compromiso ni el juicio de las personas, lo verdaderamente valioso es que exista una generación capaz de imaginar nuevas soluciones para viejos problemas.

Después de más de treinta años como profesor universitario aprendí una lección que el tiempo solo ha confirmado: nunca hay que subestimar a un joven con una buena idea, he visto estudiantes convertirse en investigadores, empresarios, jueces, contadores, alcaldes y servidores públicos ejemplares. Lo único que casi siempre necesitaban era una oportunidad para demostrar de qué eran capaces.

Por eso iniciativas como el Parlamento Juvenil del IMCP tienen un enorme valor, no solo premian un ensayo; descubren talento, despiertan vocaciones y le recuerdan al país que las universidades son el mejor semillero de innovación.

En Hidalgo lo comprobamos; miles de ciudadanos participan en los Comités de Contraloría Social y vigilan que las obras públicas se realicen correctamente, ahora imaginemos sumar a esa participación el talento de universitarios especializados en ingeniería, derecho, contaduría, programación o ciencia de datos, desarrollando herramientas que hagan más transparente el uso de los recursos públicos.

Sería una evolución natural, los jóvenes son el presente, lo vemos cuando un futbolista de apenas 17 o 20 años entra a la cancha sin miedo para representar a México, cuando un universitario propone utilizar la Inteligencia Artificial para construir gobiernos más honestos, eficientes y transparentes.

En ambos casos hay algo en común: alguien decidió confiar en ellos.

Quizá ese sea el verdadero reto de nuestra generación: dejar de preguntar si los jóvenes están listos y empezar a preguntarnos si nosotros estamos listos para darles la oportunidad que merecen.

Este domingo volveremos a reunirnos frente al televisor para apoyar a México en su partido contra Inglaterra. Gritaremos cada gol, sufriremos cada jugada y volveremos a creer que una nueva generación puede llevarnos más lejos.

Ojalá tengamos ese mismo entusiasmo cuando un estudiante mexicano gane un concurso de innovación, cuando una universitaria desarrolle una herramienta para transparentar el gobierno o cuando un grupo de jóvenes proponga una idea capaz de prevenir la corrupción.

Porque las victorias de un país no solo se consiguen en una cancha.También nacen en un salón de clases, en un laboratorio, en una universidad y en cada joven que decide poner su talento al servicio de México.

Que ruede el balón.Que rueden también las buenas ideas.Y que nunca nos falte el valor para confiar en nuestra juventud. ¡Vamos México!

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