Álvaro Bardales

La Ley Silla: un derecho básico en el trabajo público

Reconocer el derecho a sentarse es entender que la dignidad laboral comienza por cuidar el cuerpo como parte del trabajo

Álvaro Bardales
09/01/2026 |00:27
Alvaro Bardales
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Durante años, en México se normalizó que miles de trabajadores pasaran toda su jornada de pie, como si el desgaste físico fuera parte inevitable del empleo. Guardias, personal de ventanilla, limpieza o atención al público aprendieron que el cansancio era sinónimo de disciplina. La Ley Silla, vigente desde junio de 2025 y obligatoria para 2026, rompe con esa lógica.

La reforma a la Ley Federal del Trabajo obliga a empleadores públicos y privados a proporcionar sillas con respaldo y permitir descansos sentados durante la jornada. No es un privilegio ni una concesión: es una medida de salud laboral. Permanecer de pie por horas continuas está asociado a várices, problemas circulatorios, dolor lumbar y trastornos musculoesqueléticos. La evidencia médica es clara; ignorarla ya no es opción.

En el sector público, la Ley Silla tiene un valor adicional: el Estado no solo regula las condiciones laborales, también debe predicar con el ejemplo. Oficinas gubernamentales, hospitales, policías, escuelas y áreas de atención ciudadana están obligadas a garantizar este derecho. Un trabajador menos fatigado atiende mejor, se enferma menos y ofrece un servicio de mayor calidad. La dignidad laboral no es enemiga de la eficiencia; es su base.

En medios nacionales, la reforma fue bien recibida por especialistas en trabajo y salud, aunque algunos sectores aún la ven como un problema operativo o de “imagen”. Esa resistencia revela una cultura laboral anclada en la idea de que el sacrificio físico visible equivale a productividad. En realidad, ocurre lo contrario: el desgaste permanente reduce el rendimiento y eleva los costos en salud. Como ya se escucha en el lenguaje popular: “No todo es fuerza y sudor; descansar también es trabajo”.

La implementación exige ajustes reales: adecuar espacios, modificar reglamentos internos y asumir que el derecho al descanso también forma parte de la jornada. La autoridad laboral deberá vigilar y sancionar para evitar que la ley se quede en el papel, porque una norma que no se cumple termina siendo solo un gesto.

Y para quien aún no lo entienda, el barrio lo dice claro, con humor y verdad: “El patrón quería que todo fuera derecho y parado, pero la ley dijo: mejor con respaldo y bien sentado”.

La Ley Silla no es un exceso ni una moda: es un recordatorio elemental de que el trabajo digno empieza por cuidar el cuerpo. A veces, el avance más importante no llega con grandes discursos, sino con algo simple y tan necesario como sentarse con respaldo.

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