La verdadera lógica de nuestra identidad… escribí que el pachuco era de Pachuca; que antes de Tin Tan, antes del zoot suit, antes de El Paso y de aquella explicación repetida de “pa’l Chuco”, ya existían en estas tierras mineros pobres, bailadores, conquistadores y presumidos que usaban la ropa que dejaban los ingleses.
… ¿Y si el pachuco existió antes que Pachuca?
La historia de los pueblos casi nunca la escriben quienes sostienen el pico, la pala y el marro, sino quienes tienen escritorio, pluma y el respaldo del poder.
Por décadas se repiten teorías sobre el origen de Pachuca: del náhuatl Pachoa, “lugar estrecho”, “cañada angosta”, raíz otomí, o el viento.
Pero en los barrios mineros aprendimos otra forma: los oficios bautizan herramientas, calles, barrios y hasta pueblos.
La historia nos lleva a San Francisco y la Hacienda de Loreto, gran centro de beneficio del mineral.
La piedra se convertía en pachocha (dinero, lana, feria, billete). Antes de la pachocha estaba la molienda.
En el lenguaje de los trabajadores aparece la palabra pachoca: la piedra molida, lista para transformarse. Y quienes hacían la pachoca eran los pachucos.
Alrededor de esa actividad minera creció el pueblo: abajo las haciendas, talleres, oficinas, almacenes; arriba los trabajadores, los pachucos, los mineros.
Subieron por los cerros, levantaron casas entre barrancas, caminos y tiros de mina, creando la geografía urbana de nuestra ciudad.
Nombres como El Arbolito, La Palma, El Atorón, San Clemente, Españita, Camelia, El Bordo, San Juan.
Mi teoría: este territorio pudo llamarse Real de Loreto, La Maestranza, o llevar el apellido de algún empresario o gobernante, pero ganó la gente, los trabajadores, los pachucos.
Porque cuando alguien preguntaba hacia dónde iba aquel camino: “Pa’ donde están los pachucos, al lugar de la pachoca, al lugar de la pachocha. A Pachuca.”
El pachuco fue primero trabajador, luego minero elegante, después bailador, más tarde migrante.
Llegó a Ciudad Juárez, El Paso, Los Ángeles, y apareció en el cine como Germán Valdés, Tin Tan.
El pachuco nunca fue solo una forma de vestir, fue una actitud: la del pobre con saco grande, la del trabajador que pasa la semana bajo tierra y el domingo sale a conquistar el mundo.
La del hombre que no tiene dinero, pero tiene barrio; que no tiene apellido inglés, pero tiene orgullo; que no tiene traje a la medida, pero le sobra porte.
¿Quién cuenta la historia de una ciudad? ¿Los gobernantes, los dueños de minas, los historiadores?¿O los mineros, los pachucos, los de abajo?
Porque quizá Pachuca no le dio su nombre al pachuco, quizá fueron los pachucos quienes le dieron su nombre a Pachuca.
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