La cotidianidad nos absorbe, el día a día nos envuelve, el trajín de lo inmediato ocasiona que los ruidos y los movimientos que nos acompañan en nuestra vida diaria se vuelvan imperceptibles, casi invisibles; si en este momento, lectores, prestan toda su atención a lo que escuchan, seguramente se encontrarán el constante zumbido del modem, las voces; charlas, risas y la respiración rítmica de la gente que le rodea, dando pauta a pequeñas pausas que abren paso a otros ritmos.
En estos días de fiestas el ruido, la música y los sonidos incrementan en las calles que todos los días acostumbramos a transitar sin que altere nuestros sentidos, tan acostumbrados estamos a ellos que se vuelven parte silenciosa de nuestro mundo, la combinación del silbido de algún “viene, viene”, los susurros, la cadencia de pasos que de momento son una marcha unísona y la explosión de algún motor que casi no pasa la verificación, están ahí, mudos para nuestros oídos; sin embargo, nuestro cerebro explota cuando de repente una estudiante de violín logra que Paganini sea acompañado por coros de una multitud enfrascada en su andar rumbo a su destino y nos hace regresar, por un segundo, a nuestros pasos, a nuestra realidad.
En otra calle, el guitarrista acompañado por una pista de los Creedence, nos saca del trance ensimismado en el que andábamos para gritar a nuestros adentros; “I know, it’s been comin’ for some time”, y al terminar el verso, volvemos a ser parte de la marcha dirigida por Cronos y escrita por el Universo.
Bajo esta idea, les invito que este 2024 abramos nuestros oídos, escuchemos más allá de nuestros pensamientos, participemos como integrantes de una sociedad, seamos más empáticos, colaborativos, la transformación de un estado no solo depende de unas cuantas personas, sino de su conjunto en general, porque si los sonidos diarios que envuelven nuestra cotidianidad se han vuelto mudos, las actividades a nuestro alrededor han desaparecido.
Por un 2024 con mayor participación y por una verdadera transformación de Hidalgo. Porque cada uno de nosotros, nosotras, aportamos un ritmo, un tono, algún acorde, y el conjunto de estos sonidos de los que somos parte, nos remite a la vida.