Esta semana, Hidalgo cambió de escala. Con siete incorporaciones, participa ya con ocho municipios en la Zona Metropolitana del Valle de México, una región con cerca de 24 millones de habitantes. La gestión del gobernador Julio Menchaca, en coordinación con el Gobierno de México, colocó a Hidalgo en la mesa donde se discute el futuro del centro del país.
La decisión coincide con obras decisivas. El Polo de Desarrollo Económico para el Bienestar en Zapotlán ocupa más de 900 hectáreas y el parque industrial PLATAH están ambos junto a la carretera México–Pachuca y el Arco Norte. El AIFA, los trenes México–Pachuca y México–Querétaro, el paradero de PLATAH y la base de mantenimiento de Zapotlán forman un corredor estratégico, no solo para el centro del país, sino para todo México.
Esa infraestructura cambiará la economía y la vida del sur de Hidalgo. Llegarán empresas, viviendas, mercancías y más viajes diarios. Crecerá la presión sobre los servicios, el agua, el transporte y la seguridad. Si cada municipio responde solo, los problemas cruzarán de una frontera administrativa a otra.
La formación de nuestros jóvenes debe empezar ahora. La UPMH, la UPP, la UTVAM y el Tecnológico de Pachuca deben vincularse al corredor. Sus programas deben incluir logística, aeronáutica, automatización, industria farmacéutica, idiomas y datos. Los nuevos empleos especializados deben tener rostro hidalguense.
La seguridad no puede llegar después. La expansión industrial cambiará rutas y movilidad de personas y mercancías. Harán falta mejores policías municipales, inteligencia compartida, vigilancia coordinada y transporte seguro. También será indispensable la coordinación diaria con el Gobierno de México y el Estado de México. Sabemos hacia dónde crecerá la región; esperar a que aparezcan los problemas sería desperdiciar esa ventaja.
Es momento de reunir al Gobierno de México, al de Hidalgo, a los municipios del sur, al Congreso local, a las universidades públicas y a los sectores productivos. Habrá que revisar las leyes de Planeación y Prospectiva, de Coordinación para el Desarrollo Metropolitano y otros ordenamientos sobre desarrollo urbano, movilidad, seguridad y educación.
El resultado del diálogo debe ser una Estrategia Integral para el Desarrollo de la Zona Sur establecida por ley. Cada administración tendría que actualizarla anualmente y llevar sus resultados a revisión pública del Congreso. La ley estatal no puede obligar a la Federación, pero sí exigir al Ejecutivo convenios, metas e instancias permanentes de trabajo con el Gobierno de México y el Estado de México.
Así, autoridades y Congreso compartirían la revisión de avances, presupuesto y ajustes. Cada año sabríamos cuántos empleos se generaron, cuántos jóvenes fueron capacitados, qué ocurrió con la seguridad y cómo avanzaron transporte, vivienda, agua e inversión. El desarrollo del sur definirá a Hidalgo durante una generación. No puede depender de un periodo de gobierno: debe quedar en la ley y exponerse cada año al escrutinio público.