Alejandro Velázquez

El golpe federal y la respuesta local en Hidalgo

Alejandro Velázquez
23/02/2026 |02:29
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La tarde del domingo 22 de febrero de 2026 encuentra al país en un punto de inflexión. El abatimiento de Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación, no es un episodio más en la crónica roja: es un golpe federal de alto calibre que altera equilibrios criminales, sacude estructuras de mando y abre una fase inevitable de reacomodos. Cuando cae una figura de esa magnitud, el impacto no se limita al sitio del operativo; se proyecta sobre el territorio nacional.

El operativo que culminó con su abatimiento representa una acción estratégica contra uno de los principales articuladores del narcotráfico contemporáneo. Neutralizar un liderazgo así envía un mensaje claro sobre la capacidad del Estado mexicano para actuar con determinación. Pero también activa una lógica conocida: la reacción violenta que busca exhibir control territorial mediante bloqueos, incendios de vehículos y disrupción de vías de comunicación.

La experiencia indica que, tras un golpe de esta naturaleza, los intentos de intimidación no tardan en aparecer. Por ello, la respuesta no puede ser únicamente reactiva; debe ser preventiva. En Hidalgo, el gobernador Julio Menchaca instruyó de manera inmediata el despliegue de la Policía Estatal en diversos municipios y corredores estratégicos. La directriz fue precisa: presencia visible, patrullaje reforzado y monitoreo permanente de puntos carreteros sensibles.

Durante este domingo, elementos estatales, dirigidos personalmente por el secretario Salvador Cruz Neri, realizaron recorridos intensivos en accesos regionales y tramos de conexión interestatal, particularmente en zonas con alta circulación de transporte y actividad económica. La lógica fue clara: anticipar cualquier intento de bloqueo y garantizar la movilidad. No se trató de esperar a que surgiera un incidente, sino de cerrar la puerta antes de que alguien intentara forzarla.

Hasta el momento de escribir estas líneas, entrada ya la tarde del domingo, en el estado de Hidalgo no se reporta ninguna interrupción carretera vinculada a los acontecimientos nacionales. La normalidad operativa es, en este contexto, el mejor indicador de que la estrategia preventiva ha cumplido su objetivo.

El abatimiento de “El Mencho” marca un momento relevante para la seguridad del país. Puede representar un debilitamiento estructural de una organización criminal de alcance nacional, pero también abre un periodo de riesgo por posibles disputas internas o demostraciones de fuerza. Ahí es donde la coordinación entre niveles de gobierno adquiere sentido práctico: el golpe federal necesita una respuesta local firme y ordenada.

Hidalgo optó por esa ruta. Frente a un país en tensión, la decisión fue proteger el territorio, mantener abiertas las vías y enviar una señal de estabilidad. La seguridad no solo se mide en capturas o abatimientos; también se mide en la capacidad de los gobiernos para impedir que la incertidumbre se traduzca en caos.

Esta tarde, mientras México evalúa el alcance del operativo federal, en Hidalgo la movilidad continúa y la vida cotidiana no se ha visto interrumpida. A veces, la mayor eficacia en materia de seguridad es la que no hace ruido, pero sostiene el orden.

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