Entre los tradicionales tonos amarillos y naranjas del cempasúchil que anuncian la llegada del Día de Muertos, los girasoles blancos se convirtieron en la novedad en el cultivo de Néstor Martínez Vargas y cambió la imagen habitual de los campos de Doxey, Tlaxcoapan durante el Festival de las Flores.
A sus 71 años, Néstor lleva alrededor de una década dedicado a la floricultura. Antes trabajaba en la industria como fierrero, carpintero y albañil, hasta que decidió sumarse a una actividad arraigada en esta comunidad de Tlaxcoapan. Ahora, en media hectárea de terreno rentado, cultiva distintas variedades, entre ellas girasoles, gallitos, manita de león, beso, nube y cempasúchil.
Contó a El Universal Hidalgo que conseguir que las flores estén listas para esta temporada requiere meses de trabajo. Este año la siembra comenzó desde junio para algunas variedades, mientras que otras se plantaron en agosto. Después viene el cuidado de las plantas, la limpieza de los surcos y el retiro manual de la hierba.
Entre su sembradío, don Néstor contó que su trabajo de floricultor tiene complicaciones, pues también implica gastos que deben cubrirse antes de saber cuánto se venderá en estas fechas. Pagó 10 mil pesos por la renta del terreno durante para la temporada, pero además contrata trabajadores para ayudarle con el deshierbe, a quienes paga alrededor de 400 pesos por jornada. Por eso, la llegada de compradores es fundamental: “si la flor no se vende, el esfuerzo y la inversión pueden convertirse en pérdidas”.
Al llegar a su parcela, Néstor platicaba con un amigo de igual edad. Luego se quedó solo y minutos después llegó su esposa María, entre el frío y un termómetro que marcaba 10 grados centígrados.
En otra parcela y mientras los floricultores confían en poder recuperar sus gastos, las familias recorren los cultivos para elegir flores directamente de los surcos y hasta aprovechan para tomarse fotos con catrinas. Marisol Jaramillo y Miguel Reséndiz, originarios de Tula, acudieron al festival para compartir la experiencia con sus familiares, luego de que, pese a vivir cerca, no habían tenido oportunidad de conocerlo de esta manera.
Expresaron que la visita les permitió observar cómo crecen las plantas y cómo se cortan las flores, una experiencia que consideran distinta a comprarlas en un mercado. Marisol eligió el cempasúchil.
Néstor Martínez forma parte de una agrupación de alrededor de 60 floricultores que, según sus estimaciones, trabajan unas 50 hectáreas en conjunto. Aunque la temporada representa una oportunidad para colocar su producción, también le preocupa que cada vez menos jóvenes quieran dedicarse al campo, lo que podría dificultar la continuidad de esta actividad en los próximos años.