En Pueblo Hidalgo, Tlanchinol, conmemoraron el Día Internacional de los Pueblos Indígenas, este nueve de agosto, con la finalidad de preservar los rituales ancestrales de siembra, garantizar la fertilidad de los campos y la abundancia de las cosechas.
El Catálogo de Pueblos y Comunidades Indígenas, elaborado por la Universidad Autónoma de Hidalgo (UAEH), identifica a mil 4 comunidades de esta índole y señala que el náhuatl, otomí, pame y tepehua son las lenguas originarias que se hablan en el estado, además de sus variantes.
Aun cuando la entidad ocupa uno por ciento del territorio nacional, la presencia indígena es significativa, ya que comprende alrededor de tres por ciento con respecto al resto del país, señala el libro Los pueblos indígenas de Hidalgo, atlas etnográfico.
La población indígena se localiza en tres regiones bien definidas: la del Valle del Mezquital, habitada por otomíes o ñähñu, es la menos favorecida en términos ecológicos, debido a la aridez de su paisaje, agrega dicha publicación.
La segunda región indígena es la situada en la franja oriental que colinda con Puebla y Veracruz, y es considerada también Huasteca Sur. Se le conoce como región Otomí-Tepehua o Sierra de Tenango. Principia en el Altiplano, en Tulancingo, y continúa por la franja serrana hasta colindar con Veracruz.
Otra de las regiones con una densidad de población indígena significativa es la Huasteca, que destaca por la exuberancia del paisaje; sin embargo, es paradójicamente una región donde los índices de marginalidad son elevados.
En este contexto, en el corazón de la Sierra Alta hidalguense, el olor a copal fresco y a tierra húmeda se enreda con la neblina constante que abraza a Tlanchinol y sus comunidades que aún preservan costumbres y tradiciones.
La galera municipal de este municipio fue el punto de reunión de artesanos, así como médicos tradicionales y parteras. Entre el murmullo de la sierra y el andar de las faldas bordadas, la jornada concluyó con el compromiso implícito de los asistentes: mantener encendida la llama de la identidad náhuatl.
De acuerdo con pobladores, en Tlanchinol, pedir por una buena cosecha sigue siendo un acto de fe, cultura y resistencia campesina que se niega a desaparecer con el paso de los años.
Así, entre relatos que se transmiten al calor del hogar y al borde de los surcos, los abuelos mantienen viva una cosmovisión donde la naturaleza se respeta, se honra y se escucha antes de atreverse a tocarla.
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