Entre lágrimas, aplausos, cansancio y fé se llevó a cabo la 57 edición del viacrucis del barrio El Arbolito de Pachuca, donde miles de personas recorrieron las siete minas y rindieron homenaje al fundador Enrique Pichardo Ramírez, quien falleció en enero de este año.

A más de cinco décadas del viacrucis viviente en el barrio de tradición minera, esta ocasión fue especial para la familia de los hermanos fundadores Jorge y Enrique Pichardo Ramírez, quienes en 1969 representaron a Jesús y el Cirineo, respectivamente. Ahora, nieto e hijo dieron vida a los mismos personajes bíblicos.

Pese a que este 2026 Enrique Pichardo Ramírez llamado cariñosamente “El Pichi” no pudo estar físicamente en la representación de la pasión y muerte de Jesús de Nazaret, familia y asistentes al viacrucis honraron su legado, así como el de personajes del barrio de origen minero.

En el sitio emblemático conocido como Las Quince Letras, sobre la calle Porvenir, los asistentes brindaron un minuto de silencio, aplausos y una porra al recientemente finado Enrique Pichardo, y algunas personas rompieron en llanto al recordar a uno de los fundadores del viacrucis.

Salvador Pichardo Contreras, nieto de quien hace 57 años representó al primer Jesús en el viacrucis de El Arbolito, dio vida al mismo personaje que su abuelo, y fue sentenciado por Poncio Pilatos, quien en la entrada de la calle Galeana, se lavó las manos tras enjuiciarlo a muerte mediante la crucifixión.

Frente a la iglesia de La Asunción le fue otorgada la cruz de madera que llevaría a cuestas, en su recorrido de 5 kilómetros, donde pasó por las minas de Loreto, San Juan Pachuca, El Rosario, Analco, Cristo Rey y El Cuixi, por mencionar algunas.

Antes de representar la tercera caída, Salvador Pichardo le comentó al organizador que estaba agotado, por lo que uno de los participantes le ayudó. Sin embargo no pudo más y lo sentaron frente a la casa de la familia Segura donde aprovecharon para rendir homenaje a sus antecesores mineros.

Después de dos horas de caminata y en un último intento, Salvador en el papel de Jesús realizó la tercera caída y con gran esfuerzo llegó al cerro El Cuixi, donde tuvo que ser atendido por paramédicos. Tras media hora de descanso, los dos ladrones y Jesús fueron subidos a las cruces, y el nazareno murió tras reclamar el abandono de su padre y dar su último aliento con la frase: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”.

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