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María y Néstor, floricultores de Doxey que apuestan por sus cultivos para Día de Muertos

A sus 71 años, Néstor dejó atrás su oficio en la industria para dedicarse a sembrar flores en Tlaxcoapan.

Conoce la historia de estos productores y la tradición floricultora que da vida al Festival de las Flores | Foto: Luis Soriano
18/10/2026 |15:01
Ricardo Calleja
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Entre los surcos de flores que comienzan a atraer compradores por la temporada de Día de Muertos, Néstor Martínez Vargas cultiva también girasoles blancos, una novedad en los campos de Doxey, Tlaxcoapan que contrasta con los tradicionales tonos amarillos y naranjas del cempasúchil de estas fechas. Lo acompaña su esposa María, quien debe traer un cubrebocas para cubrirse del frío otoñal en el que el termómetro marcaba los 10 grados centígrados.

A sus 71 años, Néstor lleva aproximadamente una década dedicado a la floricultura. Antes trabajaba en la industria, donde se desempeñó como fierrero, carpintero y albañil, hasta que decidió probar suerte en una actividad que desde hace años forma parte de la vida de su comunidad.

Ahora trabaja media hectárea de terreno rentado, donde cultiva girasoles, gallitos, manita de león, beso, nube y cempasúchil. Su labor comienza meses antes de la temporada de ventas, con la preparación de la tierra y la siembra. Algunas variedades se plantan desde junio y otras en agosto, para que estén listas durante las fechas de mayor demanda.

Conoce la historia de estos productores y la tradición floricultora que da vida al Festival de las Flores | Foto: Luis Soriano

Nota relacionada:

Contó a que el cuidado de las plantas exige paciencia y un trabajo constante. Explicó que la hierba debe retirarse manualmente, surco por surco, y que las lluvias pueden complicar el cultivo. Cuando las condiciones del clima afectan las plantas, parte de la producción puede perderse, incluso después de haber invertido tiempo y dinero en sacarla adelante.

A los riesgos del clima se suman los gastos. Néstor paga 10 mil pesos por la renta del terreno durante la temporada y contrata trabajadores para ayudar con el deshierbe, a quienes paga alrededor de 400 pesos por día. Por ello, el precio de las flores y la llegada de compradores son importantes para recuperar la inversión.

En su cultivo, los precios varían según la variedad y la forma de compra. Los manojos cuestan 100 pesos, aunque la manita de león alcanza los 120 pesos debido al trabajo que requiere su cultivo. Por surco, el beso se vende en mil pesos, el girasol en 2 mil y la manita de león en 3 mil 500 pesos, pues esta última tarda entre cuatro y cinco meses en desarrollarse y requiere más cuidados.

Sin embargo, vender no siempre está garantizado para la pareja. La comercialización comienza poco a poco y aumenta conforme avanza la temporada, de modo que los productores dependen de que los compradores lleguen a los campos. “Si no se vende, también ahí son más pérdidas todavía”, dijo Néstor Martínez.

Conoce la historia de estos productores y la tradición floricultora que da vida al Festival de las Flores | Foto: Luis Soriano

Expresó que sus hijos le ayudan de vez en cuando, aunque tienen otros trabajos y sus propias responsabilidades. Lo que más le preocupa es que las nuevas generaciones pierdan el interés por cultivar la tierra. “Porque la juventud casi ya no le gusta el campo”, comenta, al advertir que esta actividad podría desaparecer poco a poco si no hay quienes continúen con ella.

Don Néstor y María forman parte de una agrupación de aproximadamente 60 floricultores de Doxey que, según sus estimaciones, trabajan unas 50 hectáreas en conjunto. Durante el Festival de las Flores, sus cultivos reciben a familias que recorren los surcos, toman fotografías y eligen las flores que llevarán a casa.

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