Antes de convertirse en el réferi hidalguense que murió sobre un cuadrilátero durante una función de lucha libre, Gerardo Germán Pineda, El Búho, fue luchador y minero, también trabajó como músico, tuvo cinco hijos y fue abuelo de cinco nietos.
Su historia, marcada por el deporte y el cariño de quienes lo conocieron, la narró su hijo Gerardo Alfonso Germán de los Santos, quien heredó el gusto por la actividad física y los deportes de contacto.
En entrevista con El Universal Hidalgo, su hijo -quien tiene una trayectoria en artes marciales y premios internacionales que obtuvo en Honduras y Guatemala- recordó a su padre como un hombre alegre.

Desde hace más de 30 años, cuando todavía era niño, acompañaba a su papá El Búho a las funciones en el Centro Deportivo 11 de Julio, donde lo veía subir al ring, el lugar en el que perdió la vida la madrugada del miércoles 7 de octubre.
Entre los recuerdos hay uno que más conserva: cuando su papá lo animaba a lanzarse desde la tercera cuerda y lo esperaba abajo para recibirlo.
“Me empezó a enseñar a volar. Yo estaba más pequeño y me decía: ‘Tírate, yo aquí te agarro’. Y yo me aventaba y él me recibía”, relata.
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Aquellas tardes no solo acercaron a Gerardo Alfonso a la lucha libre, también le dejaron una afición que continuó por otros caminos. Actualmente practica Kick boxing, Lima Lama y defensa personal, disciplinas de contacto en las que construyó su trayectoria deportiva. Su hijo Oliver, nieto de El Búho, también las practica.
Gerardo Alfonso no siguió los pasos de su padre dentro de la lucha libre profesional, pero conservó el gusto por el combate, aunque Damian, su hermano menor, sí se dedica a esta disciplina, mientras que otros integrantes de la familia acompañan desde las gradas.
DE LAS MINAS AL CUADRILÁTERO
La historia de El Búho en la lucha libre comenzó en la calle Pedro Escobedo del barrio alto de Las Lajas de la capital hidalguense, donde creció y desarrolló parte de su vida.
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De acuerdo con su hijo, trabajó como minero y se encargaba de colocar las mechas para las explosiones al interior de las minas. Fue en ese entorno laboral donde se acercó a la lucha.
En aquellos años, la Unidad Deportiva 11 de Julio la usaban principalmente los mineros que la visitaban a entrenar y hacer ejercicio. Incluso, fue su gemelo Raúl Germán, quien lo animó a subir al cuadrilátero. Ambos compartieron funciones como Los Búhos, nombre con el que se les identificaba por su parecido.

Raúl, El Búho I, murió en 1997 pero eso no terminó la relación de Gerardo con el cuadrilátero. Tras perder a su gemelo, continuó en solitario y, con el tiempo, encontró otra manera de permanecer en ese ambiente: se convirtió en réferi.
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Para su hijo, su padre era un hombre profesional, reconocido por su carisma y disposición al participar en las funciones. Dice que era común que lo buscaran para arbitrar los combates y que pocas veces se negaba cuando le pedían subir al ring.
LA VIDA MÁS ALLÁ DE LA LUCHA
El cuadrilátero era una parte importante de su vida, pero no la única. El Búho o El Cuate, como también era conocido, disfrutaba su trabajo como músico.
Interpretaba distintos géneros, desde bachata hasta rock o canciones románticas de agrupaciones como Los Ángeles Negros y Los Rehenes o algunas otras alegres como las de Acapulco Tropical.
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De acuerdo con su hijo, el día de la función en la que perdió la vida, recién había regresado de una presentación musical cuando recibió la invitación para participar como réferi y aceptó, como lo había hecho en otras ocasiones.
Tenía 69 años, recién cumplidos el 3 de octubre. Era padre de cinco hijos y abuelo de cinco nietos. Gerardo Alfonso recuerda que a su papá le daba gusto ver a su familia practicar deporte y conseguir sus propios logros.
“Me decía: ‘Aunque no seguiste a mí la lucha, te gustó el contacto’. Pero pues hay otro que me sigue”, relata sobre las palabras que su papá le dedicaba al hablar de su hermano menor.
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UNA DESPEDIDA SOBRE EL RING
La muerte de El Búho ocurrió tras una función de lucha libre en el Centro Deportivo 11 de Julio. Según relató su hijo, el golpe que recibió por parte de un luchador le provocó un traumatismo craneoencefálico.
Gerardo Alfonso recuerda que su padre alguna vez le expresó que, si llegaba el momento de morir, le gustaría que fuera dentro de un ring, al que había dedicado buena parte de su vida.
Aunque en su familia nunca imaginaron que ese deseo se cumpliría, ahora su hijo piensa que murió en el sitio donde se sentía feliz.
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Las muestras de cariño que recibió durante su despedida confirmaron que era una persona querida, dijo su hijo. Luchadores, amistades y aficionados se reunieron para acompañarlo hasta el panteón municipal de Pachuca, donde sus restos ahora descansan junto a los de su gemelo.
• ¿Cómo te gustaría que recordaran a tu papá? Gerardo Alfonso no dudó en responder: con su sonrisa, su carisma y su disposición para ayudar.
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