Bajo el lema Gol Pierde, un grupo de estudiantes del Instituto de Artes (IA) de la Universidad Autónoma de Hidalgo (UAEH) unieron el futbol y la crisis por la desaparición de personas en los últimos años en la entidad.
El colectivo dejó abierta la posibilidad de llevar la pieza a el Reloj de Pachuca o al Estadio Hidalgo, para generar nuevas interpretaciones al colocar una pasión colectiva frente a una problemática social.
Ymir Escorcia Luqueño, Akemmy Ramirez Hernández, Daniela Guerrero Jiménez y José Alfredo Blancas Gómez, integrantes del Seminario de Arte Contemporáneo, impartido por el docente Juan Carlos Franco Rodríguez, desarrollaron una pieza donde el futbol funciona como punto de encuentro entre la creación artística y la reflexión social.
Las bolsas utilizadas como porterías representan simbólicamente la violencia y la ausencia que rodean muchos casos de personas desaparecidas; quienes las sostienen representan a las madres buscadoras y a quienes mantienen viva la búsqueda. Mientras que los balones fueron recubiertos con los carteles de personas desaparecidas en la entidad entre 2025 y 2026.
Durante la intervención, muchas personas comenzaron a jugar sin conocer el significado de los objetos con los que interactuaban; sin embargo, al descubrir los rostros y nombres en las fichas, apareció la incomodidad.
La idea surgió durante la etapa de desarrollo, cuando el grupo estudiantil observó cómo las fichas suelen formar parte de calles, postes y espacios públicos, pero con frecuencia las personas dejan de detenerse ante ellas, al convertir a una imagen, un rostro o un nombre en un elemento más del entorno, al perder de vista la historia que existe detrás.
Si bien, no existía una respuesta predeterminada: algunas personas continuaban con la dinámica del juego sin cuestionar nada, mientras que otras se detuvieron, leyeron los carteles y reaccionaron con sorpresa, incomodidad o silencio al comprender que interactuaban con balones intervenidos con los rostros en búsqueda de infancias, adolescencias y personas adultas.
Entre esas historias se encuentra la de un niño desaparecido en la comunidad de Huitznopala, en Lolotla, cuya ficha fue incorporada. El caso les impactó por haber ocurrido en un pueblo pequeño, donde las personas suelen conocerse y la cercanía suele dar una falsa sensación de seguridad. La búsqueda movilizó a habitantes, medios y autoridades, pero con el paso del tiempo el menor nunca fue localizado.
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